Acerca de Manuela Caballero

Máster Superior en Gestión Cultural e Industrias Culturales. Máster en Patrimonio Cultural. Técnico Especialista de Laboratorio. Miembro del Centro de Estudios Históricos Fray Pasqual Salmerón de Cieza y directora de la revista Andelma, órgano difusor de dicho centro.Trabaja, junto a Pascual Santos, en el proyecto cultural y exposición itinerante: “Ingenio y Técnica en la Región de Murcia 1878-1966”. Los temas de sus trabajos están relacionados con la historia Cultural de la Ciencia y la Tecnología y es miembro del grupo de investigación de Historia de la Ciencia, Documentación Médica y promoción de la Salud de la Universidad de Murcia. Participa en los cursos “El papel de la Historia local y regional en las aulas" actividad que pretende fomentar el desarrollo de estrategias que pongan en valor el patrimonio tecnológico , industrial y cultural, e incorporarlas de manera efectiva a la enseñanza. Mantiene los blogs: http://ingenioytecnica.es https://gacetainventores.wordpress.com/ y http://fraypasqual.blogspot.com/

El ingeniero Luis Tornero Templado: una vida entre Murcia y Almería

Manuela Caballero González

Luis Constantino Tornero Templado, tal como consta en su inscripción del Registro Civil, nació en Abarán el 1 de septiembre de 1889. En su juventud participó en la incipiente actividad periodística que tuvo lugar en Abarán a principios del siglo XX, encontrándolo en 1908 como director de Gente Alegre, semanario festivo-literario que recogía noticias locales además de temas culturales y donde los jóvenes mostraban sus inquietudes literarias, siendo la publicación abaranera más antigua de estas características que se conserva.

Cursó estudios de Ingeniero Industrial, especialidad Electricidad, y en 1911 ya ejercía como tal. Prueba de ello es que ese año realizó un proyecto para dotar de luz eléctrica a TorrePacheco, el cual fue aprobado, aunque finalmente no lo llevó a cabo. Al año siguiente, junto con Juan Beltrán Aliaga y el presbítero José Sánchez Yúdice, constituye la sociedad mercantil en comandita Tornero Beltrán, empezando su actividad en enero de 1913. Su objetivo era explotar una línea conductora de fluido eléctrico que partiendo de una caseta que “La Eléctrica de Segura” poseía en las cercanías de Espinardo, pasara por los pueblos que estimasen convenientes, tales como Cabezo de Torres, Monteagudo, Esparragal o Alquerías, entre otros. También se proponían vender fluido eléctrico para alumbrado y fuerza motriz, así como la explotación de un alumbramiento de aguas en Tentegorra. La sociedad duró 3 años, disolviéndose en 1915. También realizó trabajos en Abarán, participando en una obra emblemática para la localidad: el proyecto de instalación del motor Resurrección en 1917. Se casó con Carmen Sánchez en 1914.

Actividad inventiva en Murcia

Las inquietudes de este ingeniero abaranero fueron de lo más variado, interés por la prensa, instalaciones eléctricas, industrias, no siendo menos importante su actividad inventiva que empezó a desarrollar desde muy joven, ya que el primer registro en la Oficina de Patentes y Marcas está fechado en 1915.

En diciembre de ese año se le concede patente de invención por un “Porta-lámparas Tornero” destinado al alumbrado público. Al año siguiente obtiene otra por un molino que denominará Rapidus destinado a moler especias y especialmente el pimentón, pudendo ser aplicado a toda clase de cereales, así como a algunos minerales. Y no serían los únicos, aunque los patentaría en su nuevo destino.

Su impronta en la provincia de Almería.

No sabemos exactamente la fecha en que se estableció en esta provincia andaluza, pero hay constancia que en 1924 estaba en negociaciones con el Ayuntamiento de Roquetas de Mar para llevar a cabo una instalación eléctrica que diera servicio de alumbrado a esa localidad y todo parece apuntar que, aunque también viviera en la capital de la provincia, en Roquetas tuvo un gran arraigo, de hecho, una de sus calles lleva su nombre. Según información aportada por Ignacio Jiménez, trabajó la Sociedad Fuerzas Motrices del valle de Lecrín, propietaria de una fábrica de luz en Roquetas y encargada de poner 100 bombillas en la ciudad en 1929. Pero como decimos ya llevaría allí algunos años, ya que lo encontramos establecido como terrateniente y empresario en dos sectores importantes de la zona en 1927: la uva y el corcho, negocios muy relacionados entre sí. Y fue precisamente en Roquetas donde adquirió tierras y se dedicó al comercio e industria, por un cuestionario municipal de 1932 sabemos que está censado allí como cosechero de uvas de embarque y que en 1935 instaló un molino harinero movido por electricidad en su cortijo de Los Parrales, Villa Tornero.

En Almería fundó una industria dedicada a la fabricación de virutas y lanas de madera en 1943. Estuvo muy comprometido con el deporte, la política y tradiciones de Almería ciudad, tal como atestiguan diversas publicaciones, demostrando que Luis Tornero no pasó inadvertido, siendo recordado especialmente como benefactor de la Semana Santa. Y es que en 1930 era tesorero de la Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Amargura, año en que donaría la imagen de la Virgen cuando, según consta en el blog http://fsalaspineda.blogspot.com/2008/09 , los benefactores de la Semana Santa eran escasos. Pero hay más, ya que esta imagen ardió al ser incendiada la Iglesia de Santa Clara de Asís en agosto de 1936. Luis Tornero hizo posible que la hermandad recuperara su Virgen de la Amargura tras donar una nueva imagen en 1943. Dicha cofradía deja constancia de “nuestro homenaje a los Nazarenos de Cola, como Luis Tornero, que fueron, son y serán siempre historia viva de nuestra Semana Santa”.

Actividad inventiva en Almería

En las siguientes patentes que registra ya figura como domiciliado en Almería y su temática está relacionada con sus nuevos negocios. La primera data de 1927 y consiste en “Un procedimiento para el saneamiento y desinfección del serrín de corcho y el molido”. En 1933 obtendría patente de invención para su “Perfeccionamientos en la fabricación de molinos de piedra”. En 1946 solicitaría otras dos más.

La siguiente patente que registra es para su “Refrigerador” con fecha de agosto de 1954, como vemos mantuvo su actividad inventiva a lo largo de toda su vida, siendo la última en su haber la concedida en 1956 para “Una máquina para el tratamiento de plantas textiles para usos industriales”, siendo este invento el que lo traería de vuelta a su localidad natal.

Hemos comprobado que Almería fue sin duda su segunda patria, allí arraigó entre su sociedad y profesionalmente, pero nunca abandonó sus raíces, participando activamente con familiares cercanos. Luis Tornero era primo del empresario José Mª Tornero Escribano. padre de los hermanos Tornero Yelo, quienes han aportado sus recuerdos para completar este escrito. Por ellos sabemos que “el tío Luis” como ellos lo recuerdan, vivió su última etapa activa en Abarán, residiendo con ellos unos años.

Lo encontramos así en 1956 probando la última máquina que hemos reseñado en la fábrica de José Mª Tornero Escribano. De forma significativa, este invento certifica el hombre activo y trabajador que fue hasta el final, ya que la patentó en febrero de 1956 y fue puesta en práctica de forma inmediata, convirtiéndose en su último trabajo ya que su salud fue deteriorándose rápidamente, por lo que su hija Carmen que residía en Madrid se lo llevó allí, muriendo en mayo de 1957. La trayectoria y múltiples facetas que desarrolló durante su periplo vital este ingeniero, empresario e inventor merecería ser tratada con más detenimiento, pero al menos con este escrito, en cierta manera, la figura de Luis Tornero Templado ha vuelto para las fiestas de su pueblo.

Imagen 1.- Portada del semanario. Archivos Región de Murcia.

Imagen 2.- Luis Tornero Templado (primero por la izquierda), en su cortijo de Los Parrales. Colección de Paco Estrella, cortesía de Ignacio Jiménez.

Imagen 3.- Plano del molino inventado por Luis Tornero. Archivo de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Artículo publicado por Manuela Caballero González en la revista Feria y Fiestas de Abarán, 2021, s/p.

Historias de luto y fiesta en el apeadero de La Macetúa ¡Si las vías hablaran!

Manuela Caballero González

En agosto de 1864 hacía su entrada la primera locomotora en la Estación de Ferrocarril de Cieza. Tras muchas vicisitudes se estaba poniendo en marcha la línea construida por la compañía MZA, que partiendo de Chinchilla llegaría hasta Cartagena. En ese trayecto atravesaba muchos pueblos, Hellín, Calasparra, Minas de Cehegín, Abarán, Alcantarilla, entre otros muchos. Además de las Estaciones se construyeron apeaderos, instalaciones ferroviarias que permitían el acceso de los viajeros a los trenes, pero sin la gran infraestructura que precisaban éstas.

En el tramo de vía férrea entre Cieza y Calasparra existe todavía uno que conoció mejores tiempos, el apeadero de la Macetúa, que toma su nombre del paraje donde está enclavado. En la actualidad podemos apreciar que en dicho paraje proliferan los cultivos de árboles frutales, pero para hacernos una idea de cómo eran las tierras que rodeaban a la pequeña estación, podemos recurrir a la descripción que el poeta Vicente Medina hace de él en su Patria Chica: “En los secanos cuyas tierras son fuertes, es donde más se dejan sentir los desastrosos efectos de la sequía. Tales son en la parte de Cieza los parajes Venta del Olivo, Fuente del Judío, extensas llanuras de Cajitán, La Herrada, El Horno, La Macetúa, El Quinto y el Madroñal”.

Estas instalaciones daban un servicio importante a las poblaciones, influyendo en el desarrollo y expansión del tren, medio de locomoción que revolucionó tanto la industria como el transporte de personas y mercancías. En nuestro caso dio buenos servicios a los trabajadores de la localidad y alrededores que se desplazaban por este medio a las fincas ubicadas en esos parajes, así como a los viajeros que llegaban hasta allí por los pésimos caminos vecinales que unían Cieza con el suburbio de la Macetúa.

 A día de hoy se ha convertido en uno de los puntos claves para admirar la floración de esos árboles frutales, siendo motivo de bellas fotografías y comentarios nostálgicos sobre su abandono y paulatino deterioro cuando su función dejó de ser considerada necesaria. Las decisiones con connotaciones económicas o logísticas lo dejaron varado junto a las vías, viendo pasar sin detenerse lo que en un tiempo hizo de él un hervidero de vida.  Porque este edificio fue mucho más que un simple punto de intercambio y tiene muchas historias, como tantos otros a lo largo de nuestra geografía que han perdido el tren, y que sin duda podrían haber tenido alguna utilidad.

En este pequeño artículo tan sólo he recogido algunos episodios, unos alegres otros luctuosos, que un día llevaron a nuestro apeadero a salir en la prensa, vivencias que conoceremos como si retrocediésemos en el tiempo, imaginándonos ser los ciezanos que leyeron estas noticias hace más de un siglo. Concretamente una de ellas servirá para subir a un tren de la época, recrear el trayecto, conocer una finca cercana al apeadero y saber cómo se divertía un grupo de jóvenes ciezanas de familias acomodadas muy conocidas en la localidad.

Agosto de 1874. En el Juzgado de Cieza se cita a quienes tienen derecho a los efectos “que han quedado a la muerte desgraciada de Abelardo Blanco, de nación italiano” que trabajaba como operario en la vía férrea de esta ciudad. El accidente con fatal desenlace tuvo lugar el 20 de julio al caer desde el puente de La Macetúa según nos cuenta La Paz de Murcia.

Febrero de 1900. En las páginas de Las Provincias de Levante leemos que debajo del puente de La Macetúa, entre las estaciones férreas de Cieza y Calasparra, ha sido encontrado el cadáver de un hombre, que el Juzgado ha identificado como el joven Joaquín García Sánchez de 21 años, natural y vecino de Cieza que pertenecía al 11ª Brigada de trabajadores de aquella vía. Según el informe “el referido joven fue atacado de un accidente al pasar el puente” cayendo al fondo del mismo y muriendo en el acto.

Agosto de 1913. La Verdad de Murcia titula: Desgraciado accidente.

“El mixto ascendente alcanzó a un viajero entre La Macetúa y esta estación [Calasparra] el cual murió en el acto. Su nombre era Saravia y se dirigía a esa localidad para disfrutar de una corrida de toros”. No sabemos cómo les fue a los diestros, pero el desafortunado viajero sí que tuvo una mala tarde. Bastantes años después, concretamente en julio de 1944, ocurriría otro importante suceso. Entre las estaciones de Cieza y La Macetúa a la una de la madrugada estallaba la caldera de la máquina del tren correo de Cartagena a Madrid que había salido de Murcia a las diez y cinco, en la terrible explosión murió el maquinista y el fogonero, aunque “no hubo ningún herido entre los centenares de viajeros que ocupaban el convoy” acudiendo los primeros socorros desde las localidades vecinas, entre ellos una ambulancia de Cieza. Según cuenta el Diario Línea pudo haber sido peor ya que de la máquina sólo quedaron sobre la vía los juegos de ruedas y el resto de la locomotora fue lanzado muy lejos, quedando fuera de la vía el coche correo y dos vagones de pasajeros, derribando más de doce postes telegráficos. El caos fue grande y aunque los viajeros fueron trasbordados a otros medios, cerca del apeadero de La Macetúa quedaron detenidos numerosos trenes de mercancías, algunos con frutas y hortalizas frescas mientras las brigadas se afanaban por despejar las vías.

Pero también fue motivo de jornadas alegres, como por ejemplo la excursión realizada el día de San Antón de 1923 por un grupo de jóvenes pertenecientes a conocidas familias acomodadas de la población. Partieron de la Estación de Ferrocarril de Cieza con destino al apeadero, donde pasarían la jornada y creo que por la curiosa y detallada información merece la pena transcribir buena parte del relato que apareció en la prensa, permitiéndonos viajar en tren a La Macetúa en un trayecto que duraba apenas media hora y del que hoy nos separan casi 100 años.

El 21 de enero de 1923 Nueva Cieza publica el relato del viaje:

“Serían las nueve de la mañana, cuando nos reunimos en casa de la respetable señora Dª Ana Pérez, desde donde emprendimos la animada marcha, a la Estación. Llegamos a las diez y mientras esperábamos el tren, bailaron la primera jota las graciosas señoritas Micaela Ros y Carmen Marín-Ordoñez, acompañadas del entonado terceto formado por las señoritas Antonia Pérez, María Durá y Encarna Marín. Telefoneamos a la Macetúa avisando que llegábamos en el lujosísimo tren carreta, y el muy amable Sr. Jefe nos contestó en los siguientes términos: Esperamos impacientes la llegada de las señoritas excursionistas; mi hijo les hará con muchísimo gusto los honores debidos a tan distinguidas beldades”.

Al igual que a los lectores me llamó la atención como sería ese “lujoso tren carreta”. Se denominaban así a los que marchaban a poca velocidad y paraban en todas las estaciones, llamados generalmente mixtos, y en cuanto al lujo nos lo describe nuestra reportera.

 “A las once menos diez nos instalábamos en los confortables coches asientos de cuero repujado, y blandos muelles. Antes de partir el tren, apareció un paisajista, y no encontrando nada más natural que nuestras lindas figuritas, nos hizo unas cuantas fotografías”. Qué pena no tener ese documento. Aunque sí he podido recopilar las imágenes de alguna de ellas, sería interesante recuperar más. Pero sigamos que el tren está a punto de salir.

“También antes de partir, rezamos un padre nuestro a San Antón para que nos protegiera durante el viaje. A las once y veinticinco, el tren se puso en marcha y, sin habernos puesto de acuerdo, entonamos al unísono el sublime himno al Cristo de nuestros amores, terminando con un entusiasta ¡viva! Que salió del fondo de nuestros corazones. Los paisajes que desfilaron ante nuestros ojos durante el trayecto, no es posible describirlos. La frondosa vega ciezana, se dejó ver con toda exuberancia; no paramos un momento de charlar de cantar, hasta las doce menos diez, que dimos vista a la Estación.

El Sr. Jefe y su familia, esperaban en el andén y nos acogieron con una amabilidad sin límites. Enseguida nos dirigimos a la finca llamada “Cabezo Redondo” donde habíamos de pasar el día y para hacer apetito jugamos a la comba, bailamos y empezaron una partida de boli, las señoritas Pascuala Pérez, María Durá, Carmen Marín Ordoñez y Encarna Marín y María de Arce, Josefa Gómez y Enriqueta Moxó y Antonia Pérez resultando vencedoras las cuatro últimas. Terminada la partida la señorita Ramona Rubio, recitó la poesía ¡Pobre María! “.

Detenemos aquí un momento el relato de nuestra cronista para saber qué juego era ese del boli.

Investigando un poco encontramos que es un juego muy antiguo y puede tener otras denominaciones según el lugar dónde se practica, así lo podemos encontrar como Pic, Pala, Pita, Bólit, y digo se practica porque no es cosa del pasado ya que sigue siendo muy popular en muchos países entre ellos España, disputándose incluso campeonatos, concretamente Castellón acoge uno a nivel mundial, como vemos no ha caído en el olvido aunque ya no se vean a los niños practicándolo en la calle como era habitual.

Las herramientas son palas de madera que van sujetas por una cuerda a la muñeca del jugador, el Boli es un trozo de bastón redondo con punta tipo lápiz de olivo o naranjo y una piedra. Hay que contar con un amplio espacio en cuyo centro se sitúa el puesto de “pique” marcado con un cuadrado. Se colocaban dos jugadores frente a frente a unos 10 o 12 metros de distancia. El que restaba decía “boli” y el que servía decía “va” y golpeando con la pala un extremo del cilindro (boli) para que se separara del suelo, lo impulsaba con un golpe hacia el otro jugador que a su vez tenía que devolverlo sin que cayera al suelo. El que fallaba en la devolución perdía el tanto. No estaría mal recuperar antiguas formas de divertirse al aire libre, pero sigamos con nuestro relato, tras terminar el partido.

“De pronto oímos una infantil vocecita que gritaba ¡Mi abuelita dice que ya están los gazpachos! Era Federiquin de Arce, que salía de la casa seguido del colono, con la enorme sartén que colocó en medio de la era, alrededor de la cual nos fuimos acomodando. Fue una comida opípara; se derrocharon con profusión los más exquisitos y delicados manjares al final junto con los dulces y el café, se descorcharon unas cuantas botellas de champagne.

Una vez terminada la comida, emprendimos la ascensión al redondo cabezo que da su nombre a la finca, y allí encendimos una hoguera en honor al santo del día.

Después nos marchamos a la Estación donde continuaron los bailes y jolgorios, hasta que, de pronto nos vimos sorprendidas por la agradable visita de nuestras simpáticas amigas las señoritas de Parra y Brunton acompañadas de sus respectivos hermanos. Regresamos a la finca, donde doña Ana y su hija Dª Josefa Buitrago, hicieron los honores de la casa, obsequiando a los visitantes con una espléndida merienda.

Cuando la noche empezó a extender su manto tenebroso, nos agrupamos alrededor de la gran cocina de campaña, comentando los incidentes de día, hasta la hora de ir a tomar el tren. Las señoritas Josefa Pérez, Isabel Gómez, María Molina, Consuelo Sánchez, Pascuala Gómez y Braulia de Arce, nos distrajeron mucho con sus graciosas ocurrencias. En la Estación, mientras esperábamos el tren, el Sr. Jefe nos invitó a pasar a su casa, organizando en nuestro honor un baile con guitarra y bandurria. Su hija cantó unas jotas con artísticos gusto e ilimitada melodía. Un cuarto de hora después, llegamos a Cieza, dando gracias a Dios por haber transcurrido el día sin ningún incidente desagradable”. El texto publicado en Nueva Cieza es sin duda de una de las viajeras, pero no lo firmó, por lo que no sabemos el nombre de esta reportera en ciernes. La hemeroteca nos ha traído ecos de otros tiempos y le ha dado un poco de vida a esta ruina evocadora que ahora es el apeadero. También nos ha dado a conocer un tiempo en que el tren hacía posible viajar entre poblaciones cercanas de una manera que ahora no podemos disfrutar. No siempre es cierto el dicho “cualquier tiempo pasado fue mejor” pero en algunos casos sería bueno echar la vista atrás y reflexionar sobre si verdaderamente hemos avanzado en ciertas cuestiones o estamos en vía muerta.

Imagen 1.- Apeadero de La Macetúa en la actualidad. Archivo Santos-Caballero

Imagen 2.- Puente en las inmediaciones del apeadero de La Macetúa. Archivo Santos-Caballero

Imagen 3.- Noticia en Nueva Cieza. Archivo Municipal de Murcia

Imagen 4.- María de Arce. Archivo Municipal de Murcia

Imagen 5.- Braulia de Arce. Archivo Familiar

Artículo publicado por Manuela Caballero González en Crónicas de Siyasa con fecha: 14-5-2021, pp.4-5.

Viuda de J. Dato. Manteniendo un negocio de hilados y especias en Cieza

Manuela Caballero González

Son muchos los negocios que continuaron a la muerte de su titular con la razón Viuda de, siendo las nuevas propietarias quienes en algunos casos se pusieran al frente del mismo, y en otros a pesar de ser titulares delegarían por medio de poderes en descendientes o apoderados no llegando a trabajar directamente. En cualquier caso son más de las que se cree las que tomaron las riendas de empresas en las que habían estado colaborando a la sombra de su marido. Y todavía se desconocen los nombres de muchas, ya que figuraban en registros y documentos oficiales en la mayoría de los casos bajo la denominación Viuda de. Son por tanto emprendedoras anónimas a las que a veces es difícil darles un nombre, labor que por otra parte es un desafío interesante y que, aunque laboriosa y no siempre fructífera, se hace necesario para completar la historia económica y social de nuestras ciudades. Desgraciadamente en la fecha que escribo este artículo no he conseguido conocer el nombre completo de nuestra protagonista.

Al no haber encontrado más datos sobre su esposo, ya que no consta en los registros disponibles ninguna empresa a nombre de J. Dato, sólo podemos ceñirnos a la primera noticia que tenemos y que la sitúa en Cieza en 1933. Ese año la encontramos establecida ya como Viuda de J. Dato no especificando ni su domicilio ni el lugar de la fábrica. Sería interesante que tras esta publicación alguien pueda arrojar más luz, haciéndonos llegar información que permita completar la historia de este negocio, siendo este uno de los objetivos principales de los trabajos de divulgación sobre la historia empresarial ciezana que estamos llevando a cabo.

Entre 1933 y 1935 mantiene tan sólo dos ruedas de hilo sencillo de esparto movidas a mano y no posee ningún torno, lo mismo que figura en la relación de 1936 a 1938, aunque en ella sí que hay más información ya que aparece domiciliada en la calle Buitragos y la fábrica ubicada en Camino de la Fuente. En 1941 cambia de domicilio a la calle Albaicín, aunque se mantiene el de la fábrica, así como el número de ruedas. En 1942 no sólo se dedicaba a los trabajos del esparto, buscando como tantos otros, obtener ingresos extras. Así la encontramos ese año cotizando como Especuladora de frutos, catalogados así: “Especuladores que sin ser comerciantes de profesión compran y venden cualesquiera frutos de la tierra”. Señalar que también estaban dados de alta como tales grandes empresarios del esparto, como por ejemplo José García Silvestre.

Además, la firma Viuda de J. Dato, solicita su propia marca para “distinguir azafranes, condimentos, pimentón y en general toda clase de especias”. Se trata de la marca Pegaso, quedando registrada el 16 de marzo de 1942. No es muy habitual encontrar una marca ciezana para especias, aunque como es bien sabido a nivel regional son muchísimas las que se registran, sobre todo las dedicadas a la comercialización del pimentón, producto estrella que llegaría a ser verdadera seña de identidad de las tierras murcianas en todo el mundo.

El negocio debía ir bien, ya que también ese año declara un aumento en las ruedas de hilar movidas a mano, que han pasado de 2 a 8 unidades, especificando que no tiene ningún torno de retorcido mecánico, y sitúa domicilio y fábrica en el Camino de la Fuente, aunque todavía lo cambiaría en 1944 a la Avenida del Caudillo, actual Camino Murcia. Conservamos una factura de ese año de la que se puede extraer información interesante, como por ejemplo que la fábrica se especializó en sogas o ramales, y que tenían clientes en diversos puntos de la geografía nacional. En este caso se detalla el pedido que se sirvió a Adrián Sánchez Rol de Conquista de la Sierra, Cáceres, que consistió en ramales cocidos, fardos con 8 decenas de diez varas y paquetes de filetes cocidos por valor de 462,25 pesetas. Por esta razón siempre hacemos un llamamiento a no despreciar estos documentos como fuente de información instando a su conservación, ya que los datos que contienen aportan muchas pistas.

La empresa siguió su actividad y en 1946 aparece en un suplemento especial que el periódico Línea dedica a Cieza con motivo de sus fiestas patronales. Entre los muchos anuncios publicitarios de negocios de la ciudad, sobre todo los dedicados al esparto, aparece el de la Viuda de J. Dato.

La siguiente noticia que encontramos en prensa está relacionada con la celebración de la I Feria Provincial de Muestras y Exportadores que se celebró en Murcia en 1952, donde participaron numerosas firmas de nuestra localidad en diversas modalidades, pero donde hay mayor representación es en los stands 68 y 70 dedicados a “Conservas vegetales, esparto en rama y manufacturado, fumistería y ornamentos de iglesia”, especificando que los expositores pertenecen a los Ayuntamientos de Cieza, Jumilla y Moratalla, aunque la representación de las dos últimas localidades es mínima en comparación con la ciezana. Entre la gran cantidad de empresas de nuestra localidad que vienen reflejadas en el listado encontramos tan sólo dos relacionadas con mujeres, la de Viuda de J. Dato y la Viuda de Juan Marín Bernal.

Curiosamente el evento ha quedado registrado gracias a los documentales del NODO y podemos visitar la feria tal como la vieron nuestros empresarios hace ya casi 70 años. El reportaje puede verse en  http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-489/1469685/

Uno de los stands que recoge la filmación está dedicado precisamente a las especias, pudiendo apreciarse numerosas latas con sus marcas. ¿Pudo estar entre ellas una que pusiera Azafran Pegaso envasado en Cieza? Quién sabe.

Esta información constituye la última noticia que he podido recabar de la trayectoria de esta empresa de hilado manual. Puede que, como hemos comentado, al darle visibilidad con los pocos datos de que disponemos, encontremos otros que puedan incluso poner nombre propio a quienes de una manera u otra fueron piezas claves para continuar un negocio familiar, aunque fuese tras una denominación casi anónima, como Viuda de.

Publicado por Manuela Caballero González en CiezaenlaRed, 20-4-2021.

Soldado de cien luchas, juez de mil discordias: José María González Díaz

Manuela Caballero González

Hay una calle en Cieza que lleva este nombre y la mayoría de ciudadanos no sabría decir quien fue el personaje que mereció formar parte del callejero de la localidad. Hemos dado una pista, fue juez, y la frase del título es de un reportero que le hizo una entrevista en 1973 cuando vivía retirado en Madrid. Pero su vida estuvo muy vinculada a su ciudad natal.

Nació en Cieza el 22 de diciembre de 1896 “a las ocho y tres cuartos de la noche” siendo bautizado en la Parroquia de la Asunción el 26 del mismo mes, imponiéndole los nombres de José María del Carmen Antonio Domingo. Hijo de José María González Marín, natural de Cieza, constando en el registro que era propietario y de María de la Concepción Díaz Gómez, nacida en Peñas de San Pedro.

No son muchos los datos encontrados sobre sus primeros años, pero sabemos que asistió al colegio privado “San José”. Este centro ciezano estaba incorporado al Instituto General Técnico de Murcia, hoy Alfonso X el Sabio, por lo que sus alumnos estudiaban en la localidad, pero iban a examinarse a Murcia. En él lo encontramos matriculado en el curso 1909-1910 con 13 años de edad y gracias a que la prensa se hacía eco de los resultados de las pruebas de los estudiantes, sabemos incluso sus calificaciones y quienes fueron sus compañeros, descubriendo nombres de personajes que posteriormente llegarían a destacar en la vida política y social de la localidad, incluso compartir profesión con José María, como es el caso de Diego Giménez Castellanos y Félix Templado Martínez, los tres se decantarían por la carrera de leyes.

Abogado, Juez y Magistrado. De Murcia a Madrid

Estudió en la recién creada Universidad de Murcia (1915), cuando la mayoría de estudiantes optaban por hacer la carrera en Madrid. Fue discípulo de Andrés Baquero, profesor del Instituto Provincial y primer Comisario Regio de la Universidad. José María figura entre los alumnos que hicieron donaciones a la muerte del insigne  “Maestro Baquero, para su funeral y lápida para perpetuar su nombre”.

En su juventud fue afín a la figura de Juan de la Cierva, encontrándolo entre el nutrido grupo de ciezanos que en 1918 se desplaza a Murcia para “significarle su afecto e incondicional adhesión” con el alcalde José María de Arce a la cabeza.

Ese año ya tiene la licenciatura y en febrero de 1921 aprobó las oposiciones para ingresar en el Cuerpo de Abogados del Estado a la que se presentaron 208 candidatos, figurando  en la lista de Aspirantes a la Judicatura y al Ministerio Fiscal por su calificación con el nº 34 entre los 100 que superaron la prueba. En 1922, con tan sólo 26 años es miembro de la Asociación Mutuo-Benéfica de la Administración de Justicia y ejerce como Juez de primera instancia en Chinchilla. Al año siguiente de obtener esta plaza se casa en Cieza con Juana María de la Piedad Templado Martínez, natural de Cieza,  hija del médico abaranero Félix Templado Sánchez y de la ciezana  María Dolores Martínez Marín. La boda se celebró en la Asunción el 16 de julio de 1923, instalándose el nuevo matrimonio en Chinchilla. En 1924 fue trasladado al Juzgado de Yecla y ese año nació su primer hijo. Se sucederían diferentes traslados que le llevaron a ejercer en Fraga (1928), Mula entre 1931-32 y en Cartagena de 1933 a 1936.

Pero tanto él como sus hijos visitarían con mucha frecuencia Cieza donde mantienen fuertes vínculos familiares, fincas donde veranean y apego a las tradiciones del pueblo y como no podía ser menos al Cristo del Consuelo. Prueba de ello es que contribuye a la suscripción de “todos los ciezanos entusiastas de la bendita imagen” para arreglar la Ermita y alrededores y dotar al camino que lleva a ella de luz eléctrica en 1933. Ese año goza ya de una gran reputación como Juez y toma posesión de un nuevo cargo esta vez en Cartagena. En 1934 la familia sufrió una gran pérdida, tenían entonces cuatro hijos, dos niñas y dos niños, falleciendo uno de ellos tras una enfermedad, le llamaban cariñosamente Feligín, según su esquela fue enterrado en Cieza.

Seguía ejerciendo en Cartagena donde llegó a ser presidente de la agrupación de Jurados Mixtos en 1935, manifestando en su toma de posesión que lo aceptaba por no ser un cargo político. Pero no sería su destino definitivo. Concretamente en 1936 fue promovido a Magistrado de entrada con un sueldo de 16.500 pesetas siendo destinado a la Audiencia de Oviedo. El diario La Verdad dedica una extensa noticia donde dicen sentirse muy satisfechos por él, pero apenados por perder a una persona muy apreciada no sólo entre los elementos judiciales, sino entre todas las clases sociales, ya que ha destacado por su rectitud y trato humano lo que ha despertado la estimación y respeto de todos los ciudadanos que han tenido que tratar con él. Muchos años después, estando ya jubilado revelaría que en ese ascenso de Juez de término a Magistrado de entrada y su traslado a Oviedo también intervinieron intereses políticos que a punto estuvieron de perjudicar su carrera.

Para hacernos una idea de lo que suponía este ascenso diremos que la Carrera Judicial forma un cuerpo único con las siguientes categorías de menor a mayor: Juez, Magistrado y Magistrado del Tribunal Supremo. La diferencia esencial es que los jueces exclusivamente pueden ejercer en un juzgado, mientras los magistrados además tienen esa competencia en los llamados órganos judiciales colegiados (tribunales y audiencias). El recorrió todos los escalafones.

Salió de Cartagena en junio de 1936 a su nuevo destino, pero por poco tiempo, en 1937 ejerció en Granada y un año después en Sevilla. Finalmente, el Ministro de Justicia en 1939 le otorga una plaza en Valencia donde llegaría a ser Magistrado de su Audiencia Territorial diez años después. Allí continuaría hasta que el 22 de octubre de 1954 obtiene la plaza de Presidente de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Madrid. Pero no fue ese su puesto definitivo, ya que dos años más tarde fue nombrado Magistrado del Tribunal Supremo permaneciendo en el mismo hasta su jubilación.

El fuerte vínculo con Cieza

A pesar de los continuos cambios de domicilio que le deparó su profesión, la familia no se desconecta de Cieza, al contrario, son muchos los vínculos que surgen, y los podemos encontrar en momentos importantes de amigos y en los suyos propios. En julio de 1954 la familia se encuentra en Cieza por un agradable acontecimiento, la boda de uno de sus hijos, José María González Templado quien contrae matrimonio en San Joaquín con Marilena (Magdalena) Castex Anaya, hija de un importante industrial de la localidad, Francisco Castex Navarro. Por esta noticia sabemos que el joven José María ha seguido los pasos de su padre y ya es Juez de Primera Instancia en Caravaca, mientras que nuestro protagonista es Juez de la Audiencia de Valencia. Eso contribuiría a que sus conciudadanos siguieran muy de cerca su trayectoria y estuvieran al tanto de sus logros, acompañándolo también en momentos difíciles, como fue el fallecimiento de su esposa en febrero de 1958. Diez años después contrajo matrimonio en Madrid con María Josefa Muñoz Nieto.

Un entusiasta embajador de Murcia

No es de extrañar por todo lo que estamos viendo que se eligiera a este ciezano para dar nombre a una de las calles de la localidad. Y no sólo por sus logros o títulos profesionales, sino por su actitud por llevar el nombre y las costumbres de su tierra allí donde le llevó su trabajo. Fue uno de los fundadores de la Casa de Murcia en Madrid en 1957, siendo el vicepresidente de la primera junta directiva y seguiría en el cargo hasta 1976. Contaba con 500 socios y estaba ubicada en la calle Hileras, muy cerca de la Puerta del Sol. Una de las actividades que promovió dicha Casa fue la suscripción para hacer un monumento a La Cierva Codorniu en 1965 a la que nuestro Juez contribuyó con 200 pesetas, o la creación en 1967 de la revista “Murcia” donde también escribía junto con un gran número de ciezanos y cuyo fin era “constituir un magnífico exponente de los valores de esta tierra”. Y no fue la única en la que participó ya que también fue vocal de la junta directiva de la Casa de Murcia en Valencia en 1963, como vemos fue un auténtico embajador de su tierra allí donde iba, y seguro que no faltarían las referencias a su querida Cieza.

Hemos encontrado muchas huellas de este personaje cuyo nombre ostenta una de las calles de nuestra ciudad, gracias a archivos y hemerotecas. En uno de esos documentos hasta tenemos la suerte de contar con sus propias palabras para acercarnos a su figura. Destaca que la característica principal de un Juez ha de ser “sin lugar a dudas ser totalmente independiente” que nunca le interesó la política “aunque tengo mis ideas y sentimientos” pero que no aceptó ningún cargo político porque “enfoqué mi carrera a servir a España, al Orden y la Justicia y mi sinceridad me valió más de un disgusto”. Vivió pérdidas familiares, entre ellas la dolorosa muerte de su hijo José María González Templado, Magistrado como él que falleció muy joven durante la vista de una causa.

Cuenta como anécdota que era “metrista”, renunció a su coche oficial porque le gustaba más ir en Metro, en el que se movía por Madrid muchas veces acompañado por otro Magistrado, José Castán. En 1973 fecha de la entrevista que le hizo el Diario Línea se enorgullecía de estar tan en forma a los 76 años. Lo cierto es que, a este Magistrado del Tribunal Supremo jubilado y Presidente Honorario del mismo por designación de sus compañeros, todavía le quedaban muchos años por vivir. Falleció en Madrid el 7 de enero de 1993 a los 96 años.

Artículo publicado por Manuela Caballero González en Crónicas de Siyasa el 9-4-2021, pp.4-5.

Manuel Gómez Bermúdez y sus negocios a principios del siglo XX. La fábrica “Cerámica del Segura”

Manuela Caballero González

Manuel nació en Cieza el 8 de noviembre de 1886, se casó en primeras nupcias con María Lucas Salmerón, tuvieron un hijo llamado Juan. Al morir su esposa volvió a contraer matrimonio con una hermana de ésta, Carmen, naciendo tres hijos, María, Manuel y Joaquín. La familia vivía en la calle Padre Salmerón. Desempeñó diferentes oficios relacionados con la industria espartera y con el transporte, pero en la primera década del siglo XX decide empezar su andadura como empresario. Tiene 31 años, experiencia y muchas ideas, lo que le llevará a montar negocios de lo más diverso, y no sólo relacionados con la transformación del esparto, fibra vegetal en la que se basaba prácticamente toda la actividad económica de Cieza, sino otras relacionadas con la construcción, adentrándose incluso en el mundo de la inventiva, patentando sus propias máquinas y procedimientos. Su primera iniciativa fue formar una sociedad regular colectiva en 1918 con Alfredo Navarro Martínez y José Mª Herrera Martínez cuyo fin era fabricar hilados de esparto y cáñamo. Las patentes de invención que registró en la segunda mitad del siglo XX estaban relacionadas con la producción y transformación del esparto. Pero en este artículo nos detendremos con más detalle en otro proyecto que puso en marcha y cuyo resultado fue la fabricación de productos de gran calidad, tal como eran reconocidos por los profesionales del sector al que iban destinados.

Fabricante de productos especiales para la construcción

Apenas dos años después de empezar con las hilaturas puso en marcha una fábrica de cal y cemento hidráulico. Para ello registra una sociedad mercantil el 8 de noviembre de 1920 junto con Alonso Ortiz Rojas. Nace así “Bermúdez y Ortiz”. El capital social fue de 3.000 pesetas de las cuales Manuel aportaba en metálico la mitad y Alonso una finca rústica situada en el paraje de la huerta de Cieza en el partido de “La Cardona” además de 750 pesetas.

La idea era comercializar productos muy demandados en la construcción, sector que estaba despuntando y en el cual irrumpían con fuerza nuevos materiales, como era el caso de los cementos. Su uso y combinación con otros como el hierro daría lugar al hormigón armado y supuso una verdadera revolución en las técnicas constructivas. A finales del siglo XIX ya empezaba a utilizarse en el extranjero en obras de gran envergadura y en nuestro país su aplicación empezó a despegar gracias a profesionales convencidos de sus posibilidades, entre ellos destacó el conocido como “apóstol del cemento”, José Ribera. Fue un importante ingeniero que llevó a cabo experiencias pioneras en la construcción de infraestructuras donde el cemento tenía especial protagonismo, una de ellas tuvo lugar precisamente en Cieza, no podía ser menos, y gracias a su propuesta conservamos en Los Prados el primer puente de hormigón armado sobre ferrocarril construido en España. Si tenéis curiosidad en la revista Andelma Nº26 del Centro de Estudios Fray Pasqual Salmerón, recogí su historia y podéis incluso ver cómo está en la actualidad. Por tanto, en los primeros años del siglo XX sus usos se revelaban como innumerables en arquitectura e ingeniería y sus ventajas eran ampliamente publicitadas, demandándose tanto en viviendas como en infraestructuras. Estas expectativas de negocio serían las que decidirían a estos emprendedores a montar su fábrica cuyo nombre era “San Ildefonso”. Según el periódico local La Verdad de Cieza de octubre de 1921, “estaba situada en el Camino de la Fuente, junto al Teatro Galindo” y su marca era “La Cencerra”, siendo dada de alta como fábrica de cal y un horno en la contribución industrial del municipio en marzo de 1921.

Empezaron su actividad, Manuel como gerente y Alonso como director técnico de fabricación, que además era el encargado de suministrar una materia prima necesaria para elaborar los productos, la carbonilla o escoria de carbón, para lo que tenía un contrato con la Compañía de Ferrocarriles. La elaboración de estos materiales no era fácil, ni siquiera el que se podría considerar como más tradicional: la cal. Dada su gran demanda, en Cieza existían varias fábricas que vendían su producción en otras localidades. Prueba de ello es que en 1924 Manuel Bermúdez y Pedro Piñera deciden hacer las ventas de cal de forma mancomunada en la sociedad que denominan “El Trust Calero” dirigiendo los pedidos al despacho central que habían establecido en Buen Suceso nº 2. Se envasaba en sacos de 40 kilos y costaban 1,50 pesetas puestos en obra dentro de la localidad si se pedían más de 10. Si los sacos iban destinados a otras plazas se llevaban a los vagones en la Estación “Corredera” y su coste sería de 1,25 más 20 pesetas por los portes.

A la vista de los testimonios, conocía bien el oficio, ya que en muy poco tiempo la prensa se hizo eco de estudios y pruebas que muestran la gran calidad de todo lo que llevaba su marca. Sus instalaciones contaban, además del horno, con dos motores eléctricos y sus 40 obreros eran capaces de elaborar diariamente 20 toneladas de producto acabado. En 1922 fue reseñada en el periódico madrileño La Acción como “Gran fábrica de cemento natural hidráulico en las afueras de Cieza digna de ser visitada y de la que es digno propietario el inteligente y culto industrial don Manuel Gómez Bermúdez”. De ella saldrían parte del que se utilizó en la construcción del pantano Alfonso XIII y que el ingeniero encargado de las obras hizo un exhaustivo análisis y pruebas de resistencia. También se emplearía en los saltos de agua “Hijos de Legorburo” de Albacete. Puede que desde 1920 también fabricaran ladrillos y tejas, aunque sería en junio de 1922 cuando se registra la sociedad “Bermúdez, Ferreres y Compañía”. Las instalaciones necesarias para todo ello estaban en el mismo lugar que la anterior, en el Camino de la Fuente, compartiendo así espacio y recursos.

Los elementos que salían de su fábrica, “Cerámica del Segura”, pronto fueron reconocidos en el sector por su calidad y eficacia, en especial el que desde hacía ya tiempo se destinaba a las cubiertas, la teja plana, conocida como alicantina, ya que Alicante fue el lugar donde la industria cerámica alcanzó una gran importancia a finales del XIX, sus productos pronto estarían en medio mundo y también llegaron a nuestra localidad, ya que en 1896 el periódico local El Combate recoge que Manuel Rojas Vázquez era el distribuidor exclusivo de “La Cerámica Alicantina” para Cieza, vendiéndola en su depósito del Paseo Marín Barnuevo.

El desarrollo y mecanización en Alicante propició la fabricación de productos desconocidos hasta entonces, como la reseñada teja plana o el ladrillo hueco, pero de la factoría ciezana también saldrían innovaciones para este elemento constructivo, incluso según noticias familiares, Manuel llegó a inventar un modelo de teja, aunque no hemos podido acreditar hasta el momento que lo patentara. Lo que sí está comprobado es que introdujo variaciones a la típica alicantina. La fabricada por “Cerámica del Segura” pesaba 2,250 Kg y el precio de las mil piezas era de 200 pesetas, siendo necesarias para cubrir un metro cuadrado 15 unidades.

También hacían bovedillas, bloques y ladrillos huecos. Los materiales eran embalados cuidadosamente en cajas o jaulas atadas con alambres o cuerdas listos para ser enviados unas veces en wagonCieza desde la estación de ferrocarril de la ciudad y otras al muelle del puerto de Cartagena donde emprendían su viaje por cuenta y riesgo del comprador.

Como hemos dicho, los productos de la fábrica ciezana eran reconocidos como de “fabricación especial” y así se publicitaban también en la prensa nacional, tal como recoge el anuncio de 1924 del Imparcial de Madrid. Sabemos que se vendían en almacenes de materiales de construcción en la capital murciana, como el que regentaba Arturo Torrecillas en la calle de los Apóstoles, como depósito exclusivo de la Cerámica del Segura de Cieza, como consta en su publicidad.

Pero no fueron tiempos fáciles y los negocios de nuestros empresarios tuvieron que afrontar diversas situaciones de conflictividad social y laboral que llevó a la crisis a varios sectores. Prueba de ello es que, en 1926 José Herrera como apoderado de la Compañía ciezana, se desplazó a Madrid “para dar solución a las dificultades que los industriales de Cerámica del Segura encuentran en los Ayuntamientos y Jefatura de Montes de Murcia”. Estas dificultades, según dicen, pueden ser el origen del paro forzoso de gran número de obreros de las riberas del Segura, apelando a que sea el Gobierno quien resuelva la cuestión.

Nos hemos detenido con más detalle en sus negocios relacionados con los materiales de construcción, pero sus iniciativas relacionadas con las hilaturas fueron muy importantes, simultaneando todos los negocios, a los que irían incorporándose sus hijos y su yerno, que también fueron autores de varios inventos. Manuel falleció en abril de 1956 y diez años después la actividad de la empresa de su hijo Manuel Gómez Lucas cesó, pero todos ellos contribuyeron a que Cieza fuese una referencia en el desarrollo de la industria espartera con sus procesos y patentes de invención y como hemos comprobado, en la elaboración de productos especiales para la construcción.

Publicado en Crónicas de Siyasa, 17-2-2021