Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia

El jueves 2 de marzo se celebró la segunda conferencia sobre las empresas y patentes de invención de Bernardo Brunton. Disfrutamos de una velada especial ya que los asistentes, entre los que se encontraban familiares del protagonista y representantes del ayuntamiento de Abaran, fueron muy participativos en el interesante debate que surgió tras la charla. Gracias al Ayuntamiento y la Biblioteca de Abaran por promover la divulgación. Gracias también a Salvador de Radio Abarán que ha grabado las conferencias completas y podéis ver en su página web.

Aquí dejo un resumen de la charla:

Sabemos que Brunton vino a instalar la central eléctrica del Menjú en 1896 con 24 años, pero ¿por qué se quedó aquí?, aparte de que encontrara a su esposa Carmen Trigueros, ¿realmente la Región de Murcia ofrecía oportunidades de negocio para que un joven ingeniero industrial se afincara en nuestra comarca? Responderemos a esta pregunta analizando el contexto de la situación industrial y económica de nuestra región a finales del siglo XIX.

A partir de 1840 se inicia una verdadera “fiebre minera” que realiza un efecto llamada de capitales. Este dinamismo se propaga a otros sectores como el textil, agrícola, alimentario, vidrio y construcción. A la provincia de Murcia acuden los técnicos más cualificados y mejor preparados.

Existen numerosas industrias auxiliares como la fundición, fábrica de camas y maquinaria de Francisco Peña Vaquero en Murcia, de la que todavía queda en pie la bella fachada en el Barrio del Carmen, y la Primitiva Murciana, fundición y taller de construcción de maquinaria de la familia Monzó en Murcia.

En el sector de la electrificación también se aprecia un gran dinamismo e inversión nacional y extranjera entre la última década del siglo XIX y la primera del XX.

Después de acabar la ingeniería, Brunton empezó a trabajar para la Crompton & Co. Empresa con la que Juan Marín contrataría el generador eléctrico que Brunton instaló en 1896 en el Menjú, propiedad de Juan Marín.

La primera prueba del alumbrado tuvo lugar el 2 de marzo de 1896. Tras el éxito de la prueba, se llevaría a cabo el alumbrado público de Cieza y Abarán, que se iría ampliando progresivamente.

En 1898 Brunton con 26 años formaba dos sociedades con el abogado Juan Marín y José Grau Barceló. La primera de ellas fue la sociedad regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, para la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. La segunda “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC”, fue constituida el mismo día y su objeto era la fabricación de tejidos de lana y algodón de todas clases.

En 1898 Brunton funda también su taller de construcción de maquinaria de todo tipo, ajuste y fundición. Se dedica sobre todo a la mecanización de la industria espartera.

Además de maquinaria industrial también fabricaba infraestructuras y fue taller de automoción, concesionario de la Ford.

Brunton también fue fabricante de esencias durante al menos 10 años entre 1905 y 1915 y dio trabajo en la comarca a unos 300 obreros en épocas de crisis.

Además, registró seis patentes sobre esparto entre 1909 y 1917, las primeras de entre las 100 que se registraron en Cieza, Abarán y Blanca, en un periodo que va desde 1909 hasta 1973. Sus patentes se dedicaron tanto a los procedimientos de hilatura mecánica del esparto como a mejorar el majado mecánico. Fue un avanzado a su tiempo porque en los años 60 se impusieron las máquinas de cilindros, que llamaban la lona.

En 1913 Brunton y Luis Anaya, con la participación de accionistas catalanes fundaron la sociedad “Manufacturas Mecánicas de Esparto, S. A.” cuyo domicilio social estaba en Barcelona y el centro fabril en Cieza. Contó con una excelente mecanización de la industrialización del esparto, llegando a la obtención de hilo mecánico.

En 1917 funda Buitrago y Compañía, SRC con Diego Buitrago Guirao, cuyo objeto era la acuñación y fundición de medallas y demás objetos similares. Duraría solo dos años.

En 1913 Brunton y Anaya también formaron la Sociedad Mercantil Regular Colectiva Brunton y Anaya, cuyo objeto era la explotación de patentes industriales. El mismo año que patentaron conjuntamente “Una caja repartidora de un cierto número de monedas con intervalos de tiempo determinados”, un cajero automático con forma de caja de caudales que contenía una serie de tubos verticales de diferentes diámetros donde se alojaban las monedas del sueldo mensual o quincenal y que, gracias a un reloj despertador, a la hora designada, se descorría un cerrojo y se podía deslizar una placa corrediza que contenía las monedas para el gasto diario de la casa o del pequeño comercio. Con este invento pretendían favorecer el ahorro familiar.

El 26 de junio de 1913 también registraron la marca Autocajero, justo tres meses después de haber patentado el cajero automático.

El “ambicioso” fin del cajero es recogido en la patente por los propios inventores: «Con este invento se evitará la ruina, la destrucción de la familia y la corrupción de la sociedad. Además, el uso de esta caja educará a las generaciones futuras enseñándoles el camino del ahorro, principal elemento de las familias y de los pueblos que quieren llegar a ser grandes».

Su idea era comercializarlo a gran escala, tal como queda acreditado en los cientos de placas que acuñaron para ser adosadas a los aparatos donde figura que tienen “solicitadas patentes en todos los principales Países del Mundo”. El concesionario exclusivo para España era Matths Gruber. Otra prueba de que intentaron comercializarlo a gran escala y de que le dieron publicidad es que han aparecido cuatro postales, propiedad de la familia Anaya, con las fotos de un cajero renovado, más moderno y con un diseño diferente, que en la actualidad llamaríamos vintage.

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Excelente conferencia en Abarán sobre Brunton, su familia y la sociedad del cambio de siglo

Ayer tarde 28 de febrero en la Biblioteca de Abarán pudimos disfrutar de la conferencia de Manuela Caballero, titulada “Bernard Haslip Brunton. La trayectoria vital de un ingeniero británico en la Región de Murcia”. La historiadora nos habló de la biografía de Brunton, su llegada a Cieza para instalar, en 1896, la Fábrica de luz San Antonio del Menjú, que proporcionó el primer alumbrado eléctrico a Cieza y Abarán. Además de la formación de su familia con Carmen Trigueros y la vida social, cultural y deportiva en el cambio del siglo XIX al XX.

La conferencia fue muy amena y rigurosa desde el punto de vista histórico, con una excelente presentación y abundancia de fotos de archivos familiares y públicos. Entre el público pudimos conversar con algunos descendientes de la hija de Arturo Brunton, que forman la rama García Brunton de Abarán y Javier Núñez, de la rama Núñez Brunton de Blanca que nos acompañaron y quedaron sorprendidos por la exposición y la conferencia.

Recordemos que el ciclo consta de dos conferencias que se imparten con motivo de la exposición en Abarán del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia”, que se puede ver en  la Biblioteca D. José Vargas Gómez, edificio CIMA de Abarán, hasta el 23 de marzo. La siguiente será mañana 1 de marzo, con el título “Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia”, que será impartida por mi a las 20,00 horas.

Antonio Guardiola Aroca, un esforzado industrial en plena crisis del esparto

Pascual Santos López

Cada día que pasa se hace más difícil encontrar la memoria viva de la industria del esparto en las personas que forjaron el pasado de nuestra ciudad. En este caso, gracias a su hija Manuela Guardiola que me puso en contacto con su padre, he tenido la suerte de encontrar a uno de los protagonistas de la historia industrial de Cieza, que con una memoria lúcida a sus 95 años nos ha contado su vida con todo lujo de detalles. Desde este foro agradecer a Antonio, su esposa y sus hijos su ayuda por los recuerdos y documentos aportados.

Antonio Guardiola Aroca, conocido como “El Rojico”, nace en Cieza el 3 de diciembre de 1927 en el seno de una familia humilde de la calle del Cid. Su padre Joaquín era rastrillador, aunque ejerció otros oficios como empleado del Hotel Segura y sereno, hasta que el Ayuntamiento eliminó ese servicio. Su madre Manuela se ocupaba de la casa y cinco hijos, aunque el primogénito murió a los pocos meses de nacer por culpa del sarampión. Antonio fue al colegio del Santo Cristo donde aprendió las primeras letras con don José Garro. Al estallar la guerra, cuando tenía seis años se suspendieron las clases y acompañaba a su hermano a trabajar como hilador de esparto, ayudándole en sus tareas.

Después, recuerda haber asistido a la Escuela Graduada, donde su maestro era don Antonio Mamoreta, del que guarda un bello recuerdo. Como la situación económica en casa no era buena dejó de asistir a la escuela y ganaba algún dinero vendiendo periódicos o novelas por entregas de la Editorial Bruguera, de las que hacía suscripciones. Pero a los 11 años, como tantos niños ciezanos, comenzó a trabajar de “menaor” moviendo la rueda (mena) en la empresa de Antonio Zamorano Fernández, que estaba ubicada en el desaparecido Cabezo Cirujano, en el cruce del Camino de Madrid y el Camino de la Estación, frente al actual Mercadona.

El maestro de hiladores lo sacó de mover la rueda y lo puso a barrer la carrera y, como era chico avispado, enseguida aprendió el oficio de la hilatura haciendo el trabajo de un hombre con solo 14 años. Pasó el tiempo y Antonio se hizo un buen hilador, hasta que se fue al servicio militar a Palma de Mallorca el 11 de abril de 1949. Cuando volvió, en agosto de 1950, comenzó a faltar el trabajo y algunas empresas grandes empezaron a cerrar, por lo que había semanas que trabajaban sólo dos días. Algunos hiladores formaban pequeñas empresas que llamaban boliches. Otros hiladores, que no tenían dinero para comprar esparto picado o rastrillado, como Antonio, ofrecían su trabajo a cualquier empresa en los días que faltaba, yendo de aquí para allá con sus herramientas: la cruz, el ferrete, el urdidor, por eso decían que iban con la cruz a cuestas. Zamorano les dejaba que sacaran la herramienta de la empresa los días que no tenían trabajo.

Antonio pensaba ya en casarse con su novia Joaquina Villa Haro y le pidió a su futuro suegro, que tenía unas tierras en el Argaz, montar un espacio para la carrera de hilar y así poder trabajar por su cuenta los días que no tuviera trabajo en la empresa de Zamorano. Tuvo que comprar una rueda de hilar, aunque eso era fácil, pues como estaban cerrando empresas se vendían baratas y cualquier reparación o incluso nuevas las hacía Perona, que era el carpintero de Zamorano; lo difícil fue comprar el esparto para lo que sacó un préstamo de 960 pesetas en el Banco de Murcia y su suegro le dejó la burra para acarrearlo hasta el Algar. Así comenzaron a hilar él y su íntimo amigo Juan Cano Guardiola, que era como su hermano, pues habían comenzado desde niños a trabajar con Zamorano. De esa forma no perdían el día y servían pedidos a Gabriel Ortiz Aroca y a Manolo Gómez Lucas, más conocido como Manolo Bermúdez, que había descubierto el mercado de las mejilloneras y vendía betas de esparto embreadas.

En la primera mitad de la década de los cincuenta, Antonio compró un rastrillo para que su padre y su hermano le ayudaran a rastrillar el esparto picado que compraba y vendían toda su producción, ya que hilaban con calidad. Por entonces, Andrés Ros Rosa, yerno de Antonio Zamorano, seguía gestionando la industria y Antonio se mudó a trabajar en las carreras de hilar, que tenía en el Camino de la Ermita. El 11 de junio de 1955 Zamorano cerró la empresa y su escribiente, Pepe Morcillo, recibió un pedido de 15.000 kilos de cordelería para hacer capachos en Andalucía y Antonio se hizo cargo, con lo que pudo dar trabajo a doce parejas de hiladores.

Andrés Ros le había propuesto que se quedara con la fábrica, pero Antonio no tenía dinero para pagarla. Además, pensaba que si los grandes empresarios cerraban era porque el esparto no tenía futuro, aunque tenía que seguir trabajando y en ese momento tenía pedidos. De hecho, tenía un nuevo cliente, José Martínez Real “Pepeolo”, al que había presentado una hilatura de calidad y le dijo que de aquello le compraría todo lo que produjera. Consistía en madejas de filete (2 hilos) de 30 metros, cosidas para hacer un rulo de dos paquetes, cada paquete tenía 40 madejas y el rulo 80 madejas, que se utilizaban para colgar plátanos en Canarias.

También, en vísperas del verano hacían muchos vencejos, que eran cuerdas de filete de un largo especial para atar las gavillas de la mies. En verano hacían filete y piola (4 hilos) en madejas de 30 metros para fabricar los capachos de extraer aceite. Pero del local de Zamorano se tuvo que ir con sus dos ruedas de hilar a un local que le dejó Diego Giménez “El Tallero”, donde estuvo un par de meses, hasta que se fue a una hondonada que había debajo de la Estación del Chicharra, donde utilizaba como almacén una chabola de unos seis metros cuadrados que le dejaron. El 7 de agosto de 1955 se casó a pesar de haberse quedado sin el trabajo que hacía como hilador para Zamorano y su primer hijo, Joaquín, nació al año siguiente.

De la Estación se fue a la calle Víctor Pradera, hoy José Planes, a un solar que tenía Francisco Camareta y de allí pasó enfrente en la misma calle, a un local que alquiló a la familia de Mercedes Villena, lindando con los Vidales, que tenían un almacén de trapos y fábrica de borras. Allí dio de alta su industria en 1958 con cinco o seis obreros fijos y muchos más eventuales, que venían a pedirle trabajo, incluidas cuatro mujeres peladoras que prácticamente las empleaba todo el año.

A partir de entonces se imponía la mecanización, por lo que compró cinco caballetes con cuatro cabezales de hilar cada uno, que permitían eliminar al “menaor” que movía la rueda. Pero todavía se mantenía el que corchaba y asistía a los hiladores en la carrera. El caballete, donde trabajaban dos hiladores, hacía la función de la rueda.

El esparto picado o rastrillado lo compraba a los hermanos Pérez Villa y a Juan González Bernal, aunque otras veces Jesús Santos Caballero le picaba el esparto que adquiría. Lo más difícil era reunir el dinero para los carros de esparto y pagar a los hiladores que trabajaban para él, por lo que a veces no podía llevar su sueldo de hilador a casa, que era de unas 200 pesetas a la semana. Aunque eso lo podía hacer porque su mujer Joaquina tenía una tienda donde vendía frutas y verduras que cultivaba su padre.

En 1963 recibió un pedido grande de los Astilleros de Gijón a través de Pepe Morcillo. Se trataba de dos grandes maromas de 54 pulgadas de grosor. Aquel trabajo necesitaba de una instalación muy potente para corcharlo y el encargado de Pedro Piñera le dijo que podría hacerlo en su corche, por lo que se pusieron a trabajar dos parejas de hiladores durante dos semanas. Pero allí no pudo ser. Solo quedaba el corche de la antigua Manufacturas Mecánicas de Esparto, que había cerrado ya, y tenía el motor desmontado. El encargado de Manufacturas, Antonio Segura, le permitió hacerlo, pero Olivares tuvo que instalar un motor de segunda mano que tenía en su taller. Aquello fue un espectáculo, pues todos los viejos maestros hiladores fueron a ver el trabajo. Al fin consiguieron fabricar las maromas con las que aparece Antonio en la fotografía.

Ese año de 1963 registraba su nombre comercial y poco a poco pudo comprar una máquina de rodillos para majar esparto y un terreno y almacén a Pedro Ordoñez, en el Camino de la Fuente, 1, lindando con Pedro Piñera. La idea de Antonio era mecanizar su empresa al máximo posible para ser competitivo y dar calidad al mejor precio. Por eso, siempre estuvo al día de los nuevos inventos que los constructores de maquinaria desarrollaban. Se inventaron máquinas de hilar sentado y nuevas máquinas de majar y rastrillar con las que se avanzaba trabajo y se aumentaba la seguridad.

El 17 de abril de 1968 traslada su fábrica al Camino de la Fuente y compra una nueva máquina laminadora de majar esparto, tipo Marset, de rodillo central y cuatro rodillos satélites con potencia de 10 HP. Por entonces, no le faltaban pedidos, ya que viajaba mucho y estaba en contacto directo con los clientes. Barcelona, Cádiz, Palma de Mallorca. Quizás su secreto era ese, una producción de calidad y una buena política de ventas. En Cádiz tenía dos clientes muy buenos que visitaba directamente: Cordelería Hércules y Astilleros de Cádiz. Vendía pedidos de cien betas y camiones enteros de bobinas.

En Manacor tenía un cliente muy amigo, Guillermo Obrador Morey, que lo hospedaba en las frecuentes visitas que le hacía. Otro cliente, Valentín Díaz Cabezas, le compraba mucha piola y filete. Entre los boliches era conocido como “La Blusa”, pues llevaba una blusa grande de donde sacaba fajos de billetes para pagar en efectivo cuando venía a Cieza.

En febrero de 1974 ampliaba su fábrica de majar esparto con una nueva laminadora, marca Marset, de rodillo central y seis rodillos satélites con 20 HP de potencia, como consta en el proyecto del ingeniero de montes Vicente Jordá Tormo. La idea de Antonio era montar un tren de hilado completo. Por aquellos años, instaló la máquina laminadora, dos bombos de rastrillar, una cardadora que sacaba la mecha de esparto, dos manuares que estiraban la fibra a partir de la mecha, una hiladora de doce husos y una dobladora que permitía corchar cuerda hasta de cuatro hilos. Había conseguido la mecanización total. El hilado mecánico. Aunque mantenía tres máquinas de hilar sentado, pues para determinados trabajos y clientes se seguía hilando manualmente.

El 17 de enero de 1980 Antonio se subió al tejado a reparar una gotera y cayó sobre la cardadora, fracturándose un fémur, con lo que estuvo casi sesenta días en el hospital y muchos más de rehabilitación, dejando la fábrica en manos de su encargado, Pedro Marín Valenzuela, su mano derecha durante 20 años. En 1981 se declaró un incendio en la fábrica ardiendo maquinaria y cubiertas, aunque Antonio pudo seguir trabajando y lo reparó todo, a pesar de la insuficiente indemnización que le aportó el seguro. Pero ya no se encontraba con fuerzas y en 1983 se asoció con los Hermanos Martínez, conocidos como “Cacharreros”, que se lo habían ofrecido. Ese año la empresa Antonio Guardiola Aroca se dio de baja y él quedó como jefe de ventas de los anteriores.

La demanda bajó mucho y se hacía muy difícil trabajar por lo que Antonio llegó a un acuerdo con sus socios para que se quedaran su maquinaria, la que tanto le había costado conseguir, y también los trabajadores fijos que tenía y se prejubiló a los 60 años de edad.

Para terminar, decir que Antonio Guardiola trabajó siempre el esparto y consiguió progresar en una etapa de crisis, durante la que proporcionó trabajo a muchos ciezanos y manufacturó productos de calidad como aparece en el membrete de sus facturas: hilados mecánicos de esparto, betas, filetes, piolas, estropajos FREGOLINA y espartos para escayola, que salieron de la materia prima de los montes de nuestra tierra.

Figura 1.- Antonio Guardiola Aroca en el servicio militar, 10-10-1949.

Figura 2.- Antonio Guardiola y sus obreros, finales de los años cincuenta.

Figura 3.- Antonio Guardiola y sus obreros celebrando el bautizo de su primer hijo, 1956.

Figura 4.- Antonio Guardiola con las betas que corcharon en Manufacturas, 1963.

Figura 5.- Membrete de la empresa Antonio Guardiola Aroca.

Artículo publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa, el 27 de enero de 2023, pp. 6-7 y en Crónicas de Siyasa el 3 de febrero de 2023, pp. 10-11.

Félix Gómez Castaño, devoción y solidaridad de un empresario abaranero

Manuela Caballero González

En un artículo que forma parte de esta misma publicación, su autor, Pascual Santos, recoge la faceta profesional de Félix Gómez Castaño, pero su huella ha quedado plasmada en otros aspectos y en este escrito conoceremos algunos de ellos.

Nació en Abarán el 7 de junio de 1891, hijo de Cayetano Gómez Palazón y Joaquina Castaño Cobarro. En su permiso de conducir, que había obtenido en 1923, figura de profesión Propietario. Por el expediente que se conserva en el Archivo General de la Región de Murcia, sabemos que en 1954 solicitó que se le expidiera un duplicado por habérsele extraviado el original.                                    

Por las noticias recabadas en diferentes fuentes, podemos deducir que fue un hombre emprendedor, solidario y de arraigadas creencias, aspectos que se materializaron en forma de donaciones y apoyo, tanto a la hora de socorrer a damnificados como para contribuir al sostenimiento y arreglo de entidades religiosas.

Su relación con el Santuario de la Fuensanta

Hemos podido recuperar una carta dirigida a Félix Gómez Castaño en 1958 que aporta una interesante información, no sólo en relación al empresario, sino también en lo referente al propio Santuario. Todo parece indicar que sentía una especial devoción por la Morenica, como es conocida popularmente la virgen por los murcianos, siendo su santuario el lugar donde Félix contrajo matrimonio con Rosario Sánchez Villena en 1952.

En dicha carta, se muestran de primer mano diferentes aspectos del templo y entorno en un momento muy importante, ya que en 1958 estaba en pleno proceso de reconstrucción, lo que estaba convirtiendo “una sencilla ermita, como antes era, en un bellísimo Santuario, como es ya hoy [1958] y lo será más todavía cuando esté totalmente terminado”. Los datos aportados por la misiva dan muchos detalles que nos acercan a la realidad que se vivía y los artífices de dicha remodelación. En el documento consta que era un generoso donante de dicha institución al que recurrían para conseguir fondos para las obras. Como agradecimiento, el recuerdo eterno, ya que según consta en la misiva “Todos los sábados del año la Santa Misa que se celebre a perpetuidad ante el Altar de la Virgen de la Fuensanta será aplicada por los bienhechores vivos y muertos del Santuario. De este modo tendrá Vd. El consuelo de que su nombre y el de los suyos estará siempre presente en el altar de nuestra Patrona”.

En el contenido de la carta también queda reflejado que no sólo era afecto a dicho Santuario, sino que su amor por Murcia es uno de los rasgos que lo distingue, sin duda tendrían constancia de ello por su intervención en otros aspectos de la vida social y cultural de la región. Hemos encontrado una petición del Ayuntamiento de Águilas, en la cual solicitan su colaboración económica para que su nombre esté presente en los festejos que estaban organizando en ese año de 1958.

Contribución al Santo Cristo del Consuelo de Cieza

La relación entre Cieza y Abarán, siempre ha sido motivo de jocosos comentarios, un tira y afloja entre ambas ciudades, rivales en muchos aspectos (como buenos vecinos) pero con innumerables lazos que las unen tanto en lo laboral, como familiar, educación, ocio, en fin, historias compartidas e intereses comunes. Un ejemplo de colaboración nos lo da precisamente Félix Gómez Castaño, cuya devoción iba más allá de las advocaciones de su pueblo natal.

En 1956 se quería instalar un retablo para el Cristo del Consuelo en su ermita de Cieza. Con tal motivo se constituyó una comisión encargada de recoger los donativos para tal fin. Existe un curioso documento de agradecimiento por la “aportación de D. Félix Gómez Castaño que sumada al resto permitirá instalar el retablo que el Señor merece, para su gloria y orgullo de los ciezanos”. Pues eso, un abaranero que no duda en contribuir al “orgullo” de sus vecinos.

Devoción a la Pilarica

También hay noticias de sus aportaciones fuera de Murcia para santuarios tan importantes como el Pilar de Zaragoza. Existe una referencia a la donación de “un manto blanco de raso de seda bordado en oro” que Félix Gómez Castaño y Doña Rosario Sánchez de Abarán (Murcia) hacen a la Virgen del Pilar en 1952.

Solidaridad con Valencia tras la riada de 1957

Félix Gómez pertenecía a la Agrupación de Conserveros de la Provincia de Murcia y sus miembros no dudaron en socorrer a los damnificados en la terrible riada que tantos daños y pérdida de vidas causó en Valencia en 1957. La generosa contribución del empresario abaranero, así como la de los empleados de Félix Gómez Castaño S.L, queda patente en un listado donde aparecen los nombres y cantidades aportadas por cada uno de ellos en noviembre de 1957, un mes después de la catástrofe. Este documento que habla de solidaridad, también tiene gran importancia a nivel local, ya que recupera nombres y apellidos que muchas familias reconocerán como sus padres y abuelos. Por motivos de espacio no es posible reproducirla aquí, pero queda “en cartera” para una próxima publicación. Adelantar que la relación de donantes es de 75 y la cantidad recaudada fue de 3.522 pesetas.

Y por supuesto, Abarán

Si, como estamos comprobando, no era ajeno a las peticiones de otras localidades, su pueblo natal no iba a ser menos. Sin duda sería un lugar prioritario para él. A modo de ejemplo, tan sólo reseñar un aspecto de su vinculación con la Semana Santa abaranera. En 2018, con motivo de la presentación del cartel anunciador de la Semana Santa de ese año, cuyo motivo central es la imagen del Cristo de la Agonía, radioabaran.com publicó una noticia donde podemos leer que la hermandad se fundó “allá por 1949 a expensas de D. Félix Gómez Castaño” de la que fue primer Hermano Mayor. Él fue quien adquirió la escultura, conocida popularmente como Cristo del Silencio, obra de José Planes, estando al frente de la cofradía hasta su muerte en 1971.

Como podemos comprobar, los hechos narrados se ciñen a un periodo muy reducido de la vida de Félix Gómez Castaño, entre 1952 y 1958, años de los que ha sido posible rescatar algunos documentos. Esto nos da una idea de la información que se podría recuperar si tuviéramos la suerte de encontrar más documentos que nos hablaran, no sólo de la biografía de un personaje, sino también de historia y patrimonio que, como hemos constatado, trasciende el ámbito local. Si tenemos la suerte de hallarlos, seguiremos contándoselo en próximas ediciones.

Figura 1.- Foto de Félix Gómez Castaño en 1926. Archivo General de la Región de Murcia.

Figura 2. Carta remitida a Félix Gómez Castaño en 1958. Archivo Santos-Caballero.

Figura 3. Fotografía de Félix Gómez Castaño en 1954. Archivo General de la Región de Murcia.

Este artículo se publicó en la revista Abarán Feria y Fiestas 2022 por Manuela Caballero González.

Industrias y marcas de Félix Gómez Castaño

Pascual Santos-Lopez

Hombre muy emprendedor y polifacético, pues se dedicó a muchos tipos de industrias a lo largo de su vida. Comenzaría a principios del siglo XX con la obra pública, las conservas y la imprenta. Para 1918 ya tiene su fábrica de conservas de frutas en el número 40 de la calle Nueva. En 1921 consigue la adjudicación de las obras de reparación, explanación y firme de los kilómetros 1 al 7 de la carretera de Abarán a la del Puerto de la Losilla a Yecla y en 1924 de los kilómetros 117 al 124 de la carretera de Albacete a Cartagena. También iniciaría en 1925 un taller de imprimir con dos máquinas, que en 1930 pasaría a su hermano José María. Como la mayoría de conserveros de Abarán, en ese mismo año ya tenía una fábrica de envases para uso propio. Además, pronto comenzaría con la exportación, ya que para 1933 solicitaba su renovación en el Registro Oficial de Exportadores, con el número 1.910 y domicilio en la calle San Damián, 37 de Abarán.

Como sabemos, la política autárquica de la dictadura dio un empuje extraordinario a la fibra nacional y muchos emprendedores abaraneros montaron fábricas de picar esparto. En febrero de 1942 Félix Gómez se anunciaba como fabricante de espartos y conservas. Para ese año contaba ya con 30 pares de mazos de picar con 37 caballos de fuerza instalada, además de su fábrica de conservas con azúcar. Ese mismo año montaba una balsa de cocer esparto de 790 m3. También en junio de 1942 solicitaba en la Delegación de Industria la ampliación de su fábrica de espartos con 17 bandas de cuatro mazos para una producción de 25 quintales métricos en jornada de ocho horas.

Félix Gómez se percibe como un industrial modernizador pues no paraba de ampliar y mejorar sus empresas. El 26 de enero de 1944 le concedían una marca para distinguir pulpa de albaricoque y melocotones en almíbar; marca que mejoraría y ampliaría el 9 de julio de 1955 a la “F” mayúscula, más conocida, en color rojo y azul, rodeada de doble círculo con sus apellidos en la parte superior y en la inferior la leyenda: “Marca Registrada” y “Murcia-Abarán-España”. También en enero de 1946 solicitaba la legalización de una línea de alta tensión para la electrificación de su finca del Barranco del Moro. La maquinaria e instalaciones serían: la línea de alta tensión, un centro de transformación de 20 KVA de 20.000 voltios a 220/127 voltios y un grupo motobomba para elevación de agua. La producción sería el cocido de espartos y riego para el fomento agrícola.

Pero no solo en Abarán montaría empresas, sino también en Bullas. En noviembre de 1951 nos sorprende con la solicitud de ampliación para instalar en su industria de conservas vegetales, establecida en Bullas, un aparato de sierra de cinta de 100 centímetros de Diámetro para construcción de envases de madera para la misma. La producción sería cajas de envases en cantidad variable. También en su fábrica de conservas de Abarán invertía 1.500.000 pesetas a finales de 1955, con el objeto de ampliar su industria con una máquina de escaldar, dos calderines de baño maría, un calderín de doble fondo, una rebordeadora, una cerradora y una caldera de vapor de 60 m2. Además de legalizar un calderín al baño maría. La capacidad de producción aumentaría en 18.000 kilos diarios. Y en julio del año siguiente invertía otras 792.000 pesetas en otra caldera de vapor más moderna, probablemente de sustitución, pues era también de 60 m2 y la producción no variaba.

No se puede negar que Félix Gómez era hombre luchador y defensor de sus empresas ya que, el 17 de febrero 1964, cuando estaba a punto de caducar su primera marca, registrada en 1944, ganaba un recurso contencioso-administrativo contra la resolución del Registro de la Propiedad Industrial de 30 de mayo de 1960, que había concedido a favor de la firma italiana “Societá Farmacéutico Italia”, domiciliada en Milán, la marca consistente en la letra mayúscula “F”, para distinguir productos dietéticos para la infancia, productos químicos destinados a la conservación de alimentos, aceites y grasas comestibles, con exclusión de pulpa de albaricoques y de melocotones en almíbar, dejándola anulada y sin efecto a petición de nuestro industrial.

Gracias a dos cartas que tenemos en nuestro Archivo Santos-Caballero, sabemos que la empresa Félix Gómez Castaño, S. L., exportó en 1957 a Dinamarca 1.666 cajas de 30 Kg de pulpa de albaricoque 100% y que a mediados del año siguiente su declaración de existencias de conservas ante el Instituto Nacional de Previsión fue de 9.810 cajas de 10 botes de 5 Kg, 2.801 cajas de melocotón y el resto de albaricoque, entre pulpa y orellón 100%. Esta empresa la formaron Félix Gómez Castaño y Antonio Gómez Gómez de Félix en el año 1952 con el objeto de fabricar conservas vegetales y su explotación; industrialización y comercio de espartos y sus manufacturas, incluyendo su recolección; importación de todo tipo de productos del extranjero; el negocio de espectáculos públicos y cualquier otra actividad auxiliar que requirieran los anteriores negocios.

Para concluir decir que Félix Gómez Castaño fue hombre trabajador y filántropo, muy volcado en la Semana Santa de su pueblo y en las fiestas. Precisamente también fue empresario taurino, accionista del Teatro Guerrero y, como recuerdan en la prensa murciana por la feria de Abarán de 1946, “artífice de toda la feria, puesto que en justicia hay que atribuirle desde 1os cimientos de la plaza, hasta la aceptación del caballero jerezano, señor Domecq, particular amigo de aquel, quien honrará con su actuación la nueva plaza de toros”.

Figura 1.- Membrete de Félix Gómez Castaño, S. L. Archivo Santos-Caballero

Figura 2.- Etiqueta de Félix Gómez Castaño, S. L. Archivo Santos-Caballero

Este artículo se publicó en la revista Abarán Feria y Fiestas 2022 por Pascual Santos López

Excelente conferencia sobre la vida y familia de Brunton y la Cieza de principios del siglo XX

El pasado jueves 17 de noviembre, en el Museo de Siyâsa, tuvo lugar la conferencia titulada “Bernard Haslip Brunton. La trayectoria vital de un ingeniero británico afincado en Cieza (1871-1953)”. Fue impartida por Manuela Caballero González que nos habló de su trayectoria vital y su llegada a Cieza para instalar, en 1896, la Fábrica de luz San Antonio del Menjú. Además de la formación de su familia con Carmen Trigueros y la vida social, cultural y deportiva de la Cieza de finales del siglo XIX y principios del XX.

La historiadora, con una excelente presentación y fotos de archivos familiares y públicos, fue presentada por el también historiador ciezano Francisco Javier Salmerón, que introdujo la Cieza espartera que encontró Brunton en 1896 y nos expuso parte de la trayectoria de la investigadora. Al terminar la exposición de Manuela Caballero se abrió un breve debate sobre la familia Brunton y la autora volvió a agradecer la ayuda y documentación prestada por la familia Brunton, Paz Palencia Anaya, María Dolores Piñera y Lorena Martínez.

Recordemos que el ciclo consta de tres conferencias que se imparten con motivo de la exposición en Cieza del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia”, que se puede ver en el Museo de Siyâsa hasta el 11 de diciembre, sala “La Pecera”. La siguiente será el 1 de diciembre, con el título “Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de Cieza”, que será impartida por mi.

Exposición en Cieza del proyecto Huellas de la europeización en la Región de Murcia

El pasado viernes 11 de noviembre inauguramos Manuela y yo, junto al alcalde Pascual Lucas y las concejalas María y Conchi y el director del proyecto Klaus Schriewer, la exposición del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” en el Museo de Siyâsa de Cieza. Proyecto que difunde la figura de doce extranjeros europeos que contribuyeron a la modernización de la Región de Murcia y a su europeización.

La exposición estará abierta hasta el 11 de diciembre, donde se podrá ver el cajero automático de Brunton y Anaya, inventado en 1913 y cedido por la familia Brunton, un mecanismo de relojería anterior a la solución final, propiedad de la familia Anaya y muchos más objetos de la vida y empresas de Brunton, protagonista de la muestra en Cieza, junto a objetos cedidos por las familias representadas en la exposición.

Agradecemos desde aquí su ayuda al alcalde y ediles de Cieza, al director y personal del Museo, a las familias Brunton y Anaya, a María Dolores Piñera y a Lorena Martínez, que nos han prestado material para enriquecer la exposición. El proyecto cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Cieza, la Fundación Séneca y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y las instituciones organizadoras son: La Universidad de Murcia, la Cátedra Jean Monnet, el Centro de Estudios Europeos y la Sociedad Murciana de Antropología.

Presentación de la revista Náyades sobre el esparto y las esparteñas en la historia de Murcia

Ayer tarde, 20 de mayo en el Museo Arqueológico de Cehegín, tuvimos el gusto de presentar la revista Náyades nº 12 en la que Manuela Caballero y yo hemos sido invitados a colaborar por su director Ricardo Montes. En esta ocasión el monográfico trata sobre el esparto y las esparteñas en la historia de Murcia con artículos de historiadores de toda la Región de Murcia que escriben sobre diferentes aspectos de esta cultura tan nuestra en todas las ciudades de nuestra tierra.

El acto fue presentado por el edil del Ayuntamiento de Cehegín y por el director de la revista para dar paso a los autores presentes. Comencé yo con mi artículo: El esparto en Cieza y Valle de Ricote: un esfuerzo industrial a orillas del Segura. Siguió Manuela con su trabajo: Un acercamiento a la cultura del esparto a través de su vocabulario. Ricardo Montes con sus dos artículos sobre el esparto y las esparteñas por tierras murcianas, para terminar con Francisco Jesús Hidalgo, cronista y archivero municipal de Cehegín con su trabajo: La alpargatería en Cehegín.

La presentación de la revista ha sido escrita por el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Juan Martínez García, que en nombre de la corporación invitó a los presentes a un esplendido vino español en el Casino de Cehegín, junto al director del Museo Arqueológico Francisco Peñalver. Todo un lujo de velada con personas encantadoras y una revista que se ocupa de investigar y difundir el patrimonio de todos los murcianos. Enhorabuena.

Marín, Brunton, Grau y Cía., una fábrica de lonas en el Menjú de 1898

Pascual Santos López

El proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” pretende visibilizar a inmigrantes europeos que se asentaron en nuestra región y que fomentaron los contactos con el resto de Europa. Los objetivos son investigar la vida de estos inmigrantes, realizar una exposición itinerante en las ciudades de Cartagena, Mazarrón, Águilas, Lorca, Cieza y Murcia entre mayo de 2022 y febrero de 2023 y publicar una obra colectiva sobre los protagonistas de la exposición. El proyecto es una cooperación entre la Cátedra Jean Monnet de la Universidad de Murcia, el Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Murcia (CEEUM), la Sociedad Murciana de Antropología (SOMA) y la Facultad de Filosofía y su director es el catedrático de Antropología de la Universidad de Murcia Klaus Schriewer.

En Cieza contamos con la figura del ingeniero inglés Bernardo H. Brunton que investigamos Manuela Caballero y yo mismo y que está dando numerosos frutos entre ellos el descubrimiento de dos sociedades creadas por Brunton, junto a otros industriales ciezanos, en el Menjú de 1898 y de una de ellas, la fábrica de lonas, se conserva una curiosa fotografía en el Archivo General de la Región de Murcia, que adjunto a este trabajo.

Sabemos que Brunton llegó a Cieza para instalar la fábrica de luz San Antonio del Menjú en marzo de 1896, gracias a la iniciativa del abogado Juan Marín Marín dueño de la finca, que pretendía dotar de electricidad a las villas de Abarán y Cieza. En los años posteriores Brunton iniciaría numerosas fábricas y sociedades, entre ellas la fábrica de lonas del Menjú.

Precisamente el 5 de abril de 1898 Brunton con 26 años, soltero, formaba dos sociedades con Juan Marín, de 42 años, casado y José Grau Barceló de 28 años, soltero y comerciante. La primera de ellas fue la sociedad mercantil regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, que se dedicaba a la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. Los socios confiaban plenamente en Brunton, pues la firma social estaba a cargo indistintamente de él y Juan Marín, que tenía instalada la fábrica de luz del Menjú con la que abastecía de alumbrado a Cieza y Abarán.

Justamente en la planta baja de dicha fábrica se encontraban ocho bandas de mazos para majar esparto, correas, transmisiones y utensilios y un cilindro para fabricar papel de estraza, junto a dos bombas y tuberías de acero para el llenado y desagüe de dos balsas para cocer esparto. Además, en las inmediaciones Juan Marín tenía dos almacenes de esparto, carreras de hilado y corche para fabricar cordelería y un edificio para el rastrillado de la fibra. Todo lo cual lo aportaba a la sociedad, además de la fuerza motriz necesaria para la maquinaria, aunque por la noche lo haría con la energía sobrante, sin interferir en el alumbrado de las dos villas, servicio que era prioritario.

La segunda de las sociedades la formaban los tres socios anteriores y Enrique Martínez Meseguer, de 46 años, casado y escribiente de Cieza. Su razón social era: “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC” y fue constituida el mismo día para fabricar tejidos de lana y algodón de todas clases. Al igual que en la anterior la firma social estaba a cargo de Juan Marín y Brunton, indistintamente.

Juan Marín aportaba 10.000 pesetas en efectivo y la energía eléctrica necesaria. Brunton 30.000 pesetas en efectivo y sería el director de máquinas e inspector del negocio. José Grau Barceló aportaba los telares que tenía arrendados a Francisco Miñano y que se encontraban instalados en la fábrica del Menjú. El resto de telares mecánicos que constituían la fábrica eran propiedad de Enrique Martínez Meseguer, que los aportaba a la sociedad, además de llevar la contabilidad del negocio. La duración de la sociedad sería de tres años contados desde el 1 de mayo de 1898 al 30 de abril de 1901, quedando prorrogada por otros tres años más y a partir de entonces por cada año.

Meses después la prensa nacional se hacía eco del éxito de la fábrica de lonas, pues la demanda de “patenes, lienzos y lonetas” era mucho mayor de la que podía suministrar la empresa, gracias a su precio y calidad. Cuya especialidad era la tela de rayadillo en crudillo destinada a los uniformes de mecánica del ejército. La producción abarcaba también algodones tintados inalterables para fabricación propia y exportación.

Según la prensa la calidad de los tejidos era tal que en pocos meses de producción las provincias de Granada, Almería, Albacete, Murcia y Alicante entre otras, tenían esta fábrica como único proveedor de los tejidos en los que se especializaba y los viajantes de la casa se veían con frecuencia en apuros para poder servir los pedidos que les hacían.

Los últimos adelantos en telares mecánicos producían tejidos inmejorables que competían favorablemente con los fabricados con antiguos telares de madera en limpieza y perfección. Además, se habían traído dos máquinas automáticas para poner el “hilo en las canillas y cuando está llena y no debe llevar ni una vuelta más, la suelta y echa fuera”.

Esta fábrica de tejidos del Menjú en Cieza o uno de sus talleres, con los últimos avances y telares completamente mecanizados, se puede apreciar en la fotografía de finales del siglo XIX que se adjunta y en la que se ve a Juan Marín junto a otro hombre, que bien podría ser el encargado de producción, Sr. Talón al que la prensa titulaba como persona muy competente y “bajo cuyas órdenes se han producido en aquellos talleres cuantas muestras se le han presentado” y todo ello bajo la atenta supervisión del director de maquinaria, el ingeniero inglés afincado en Cieza Bernardo H. Brunton.

La primera de las exposiciones itinerantes del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” estará abierta al público del 6 al 25 de mayo en la Sala Cultural Dora Catarineu, calle Ronda nº 7 de Cartagena. Con varias conferencias asociadas, la primera sobre la familia Rolandi y su presencia en Cartagena.

Foto 1.- Archivo General de la Región de Murcia. Fotografías de la familia Moxó Ruano de Cieza, FOT_NEG,039/001

Foto 2.- Bernardo H. Brunton. Cortesía de la familia Brunton

Artículo publicado por Pascual Santos en el semanal Crónicas de Siyasa, 6-5-2022, p. 7.

De “menaor” a industrial e inventor: Vicente Martínez Piñera

Pascual Santos López

Con esfuerzo y constancia, Vicente Martínez Piñera mejoró las duras condiciones de trabajo en las fábricas de esparto de Cieza.

Una familia humilde y trabajadora

Según nos cuenta su hijo Pedro Luis, Vicente Martínez nació en 1893 en una familia humilde y comenzó a trabajar muy joven de “menaor”, como era costumbre en la época. Pero también asistió a la escuela nocturna después del trabajo, donde aprendió a leer y a escribir, cultura general y cálculo elemental. La “mena” era una rueda que servía para hilar el esparto y fabricar la cuerda. El “menaor” le daba vueltas a la rueda con una manivela de hierro, mientras el “hilaor” con una “maná” de esparto a la cintura iba añadiendo la materia prima de cara siempre a la “mena” y caminando lentamente hacia atrás formaba el hilo. El oficio de “menaor” era el menos especializado de la industria del esparto, por eso lo realizaban los niños, que obligados por la necesidad debían trabajar para ayudar en casa, con la consiguiente falta de instrucción y el riesgo de analfabetismo.

Sobre los dieciséis años de edad Vicente ascendió a “hilaor” en la fábrica de José García Silvestre, una de las más importantes de Cieza, que llegaría a emplear a 370 trabajadores a finales de los años treinta. Por su buen hacer, Vicente llegaría a ser maestro, ostentando dicho oficio hasta que se estableció por su cuenta. Justo al acabar la guerra, en 1939, instala una industria con cuatro ruedas de hilar esparto en el Ensanche.

Conocía perfectamente las necesidades y los problemas de la industria del esparto. Eso unido a sus conocimientos de mecánica le llevaron a registrar hasta cinco patentes que mejorarían sustancialmente la industria. La primera, registrada el 9 de abril de 1942, fue un freno para parar de forma automática y en marcha los mazos de picar esparto. Este freno daba seguridad a las labores del picado. Trabajo muy peligroso que realizaban las mujeres donde era necesario parar los mazos para el trabajo habitual y para evitar accidentes. No contento con esto, el 7 de diciembre de 1957 patentaría una máquina de rodillos para laminar el esparto y eliminar los mazos.

Rastrillar, un trabajo peligroso e insalubre

La operación de rastrillar se realizaba de forma manual. El operario se situaba de pie frente al rastrillo, que era una mesa inclinada llena de púas de acero de unos 20 cm, y con un manojo de esparto golpeaba desde arriba sobre las púas, dando un fuerte tirón hacia abajo para peinar la fibra. En esta operación de golpear no era difícil que se hirieran las manos. Además, el polvo continuo que se desprendía lo respiraban los trabajadores, siendo la causa de una enfermedad profesional respiratoria conocida como “espartosis”. Para evitar este trabajo tan penoso Vicente inventa una máquina rastrilladora, conocida en Cieza como la “Rastrilladora de Vicente Casallena”. Patentada el 24 de julio de 1952. El operario sólo tenía que poner el manojo en la mordaza y la máquina hacía el resto. En una foto de la época se aprecia al maestro mecánico Jaime Montesinos haciendo trabajar la rastrilladora inventada por Vicente. Este fabricante de maquinaria se especializó en la construcción de esa máquina que se vendía muy bien. Además, en las industrias de hilaturas se aprovechaba el desperdicio del rastrillado para hacer estropajos, por lo que Vicente registra el 12 de febrero de 1946 una marca de estropajos llamada LIMPSOL, que aparecía en los membretes de sus facturas.

Máquinas para mejorar la industria del esparto

En 1944 Vicente traslada su industria a la Cañada de la Horta y seguiría inventando, a pesar de no tener un taller propio, por lo que sus máquinas las construían los mecánicos de Cieza. Vicente las vendía y hacía presentaciones, que en algún caso boicotearon los trabajadores ya que temían que les quitara el trabajo, llegando incluso a estropear las máquinas, según su hijo Pedro Luis. El 2 de noviembre de 1950 patentaba también un disco de púas para destrozar las cabezas de esparto, que era la parte más dura de la planta y la que introducía inconvenientes en el hilado uniforme de la fibra.

El 9 de julio de 1955 registraba un “Dispositivo aplicable a máquinas de hilar” que sustituía la labor del accionamiento de las ruedas verticales, que realizaban los menores de edad. La innovación que supuso este dispositivo era evidente, ya que el propio hilador sin necesidad de auxiliar alguno, podía embragar y desembragar a voluntad la transmisión del movimiento sin más que tensar o destensar el hilo, aunque costó mucho que los menores fueran a la escuela, ya que las familias necesitaban esa ayuda.

Perfeccionando máquinas

Justo en 1956 Vicente pasa el relevo a su hijo Juan Martínez Caballero que se hace cargo de la industria de hilaturas de su padre. Juan Martínez registraría dos patentes: la máquina rastrilladora de su padre, con doble cabezal y chasis metálico. La que podemos ver en el Museo del Esparto y que fue registrada el 27 de agosto de 1963 y el mismo embrague de su padre mejorado para las máquinas de hilar, que registraba el 23 de agosto de 1963, un año antes de la muerte de su padre. Según su hijo Pedro Luis, Vicente Martínez estuvo impedido por enfermedad seis años antes de su muerte, que se produjo en 1964.

Como conclusión, decir que en septiembre de 1965 la Hermandad de San Bartolomé le hizo un homenaje a Vicente Martínez con una misa por el descanso de su alma, en la Ermita del Santo, recientemente restaurada y recordaron que a él se debía “la reconstrucción de la actual imagen utilizando la cabeza de la antigua, que fue destruida en guerra. El señor Martínez Piñera pudo guardarla como una reliquia, sin temor al peligro que corría su persona en caso de ser descubierta”.

Figura 1.- Vicente Martínez Piñera. Cortesía de Pedro Luis Martínez Caballero

Figura 2.- Freno para mazos. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (AHOEPM)

Figura 3.- Membrete de factura y marca de estropajos. Archivo Santos-Caballero

Figura 4.- Diseño de la máquina de rastrillar. AHOEPM

Figura 5.- Cabezal de rastrilladora del Museo del Esparto. Archivo Santos-Caballero

Este artículo fue publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa el día 21-10-2021