Presentación de la revista Náyades sobre el esparto y las esparteñas en la historia de Murcia

Ayer tarde, 20 de mayo en el Museo Arqueológico de Cehegín, tuvimos el gusto de presentar la revista Náyades nº 12 en la que Manuela Caballero y yo hemos sido invitados a colaborar por su director Ricardo Montes. En esta ocasión el monográfico trata sobre el esparto y las esparteñas en la historia de Murcia con artículos de historiadores de toda la Región de Murcia que escriben sobre diferentes aspectos de esta cultura tan nuestra en todas las ciudades de nuestra tierra.

El acto fue presentado por el edil del Ayuntamiento de Cehegín y por el director de la revista para dar paso a los autores presentes. Comencé yo con mi artículo: El esparto en Cieza y Valle de Ricote: un esfuerzo industrial a orillas del Segura. Siguió Manuela con su trabajo: Un acercamiento a la cultura del esparto a través de su vocabulario. Ricardo Montes con sus dos artículos sobre el esparto y las esparteñas por tierras murcianas, para terminar con Francisco Jesús Hidalgo, cronista y archivero municipal de Cehegín con su trabajo: La alpargatería en Cehegín.

La presentación de la revista ha sido escrita por el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Juan Martínez García, que en nombre de la corporación invitó a los presentes a un esplendido vino español en el Casino de Cehegín, junto al director del Museo Arqueológico Francisco Peñalver. Todo un lujo de velada con personas encantadoras y una revista que se ocupa de investigar y difundir el patrimonio de todos los murcianos. Enhorabuena.

Marín, Brunton, Grau y Cía., una fábrica de lonas en el Menjú de 1898

Pascual Santos López

El proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” pretende visibilizar a inmigrantes europeos que se asentaron en nuestra región y que fomentaron los contactos con el resto de Europa. Los objetivos son investigar la vida de estos inmigrantes, realizar una exposición itinerante en las ciudades de Cartagena, Mazarrón, Águilas, Lorca, Cieza y Murcia entre mayo de 2022 y febrero de 2023 y publicar una obra colectiva sobre los protagonistas de la exposición. El proyecto es una cooperación entre la Cátedra Jean Monnet de la Universidad de Murcia, el Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Murcia (CEEUM), la Sociedad Murciana de Antropología (SOMA) y la Facultad de Filosofía y su director es el catedrático de Antropología de la Universidad de Murcia Klaus Schriewer.

En Cieza contamos con la figura del ingeniero inglés Bernardo H. Brunton que investigamos Manuela Caballero y yo mismo y que está dando numerosos frutos entre ellos el descubrimiento de dos sociedades creadas por Brunton, junto a otros industriales ciezanos, en el Menjú de 1898 y de una de ellas, la fábrica de lonas, se conserva una curiosa fotografía en el Archivo General de la Región de Murcia, que adjunto a este trabajo.

Sabemos que Brunton llegó a Cieza para instalar la fábrica de luz San Antonio del Menjú en marzo de 1896, gracias a la iniciativa del abogado Juan Marín Marín dueño de la finca, que pretendía dotar de electricidad a las villas de Abarán y Cieza. En los años posteriores Brunton iniciaría numerosas fábricas y sociedades, entre ellas la fábrica de lonas del Menjú.

Precisamente el 5 de abril de 1898 Brunton con 26 años, soltero, formaba dos sociedades con Juan Marín, de 42 años, casado y José Grau Barceló de 28 años, soltero y comerciante. La primera de ellas fue la sociedad mercantil regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, que se dedicaba a la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. Los socios confiaban plenamente en Brunton, pues la firma social estaba a cargo indistintamente de él y Juan Marín, que tenía instalada la fábrica de luz del Menjú con la que abastecía de alumbrado a Cieza y Abarán.

Justamente en la planta baja de dicha fábrica se encontraban ocho bandas de mazos para majar esparto, correas, transmisiones y utensilios y un cilindro para fabricar papel de estraza, junto a dos bombas y tuberías de acero para el llenado y desagüe de dos balsas para cocer esparto. Además, en las inmediaciones Juan Marín tenía dos almacenes de esparto, carreras de hilado y corche para fabricar cordelería y un edificio para el rastrillado de la fibra. Todo lo cual lo aportaba a la sociedad, además de la fuerza motriz necesaria para la maquinaria, aunque por la noche lo haría con la energía sobrante, sin interferir en el alumbrado de las dos villas, servicio que era prioritario.

La segunda de las sociedades la formaban los tres socios anteriores y Enrique Martínez Meseguer, de 46 años, casado y escribiente de Cieza. Su razón social era: “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC” y fue constituida el mismo día para fabricar tejidos de lana y algodón de todas clases. Al igual que en la anterior la firma social estaba a cargo de Juan Marín y Brunton, indistintamente.

Juan Marín aportaba 10.000 pesetas en efectivo y la energía eléctrica necesaria. Brunton 30.000 pesetas en efectivo y sería el director de máquinas e inspector del negocio. José Grau Barceló aportaba los telares que tenía arrendados a Francisco Miñano y que se encontraban instalados en la fábrica del Menjú. El resto de telares mecánicos que constituían la fábrica eran propiedad de Enrique Martínez Meseguer, que los aportaba a la sociedad, además de llevar la contabilidad del negocio. La duración de la sociedad sería de tres años contados desde el 1 de mayo de 1898 al 30 de abril de 1901, quedando prorrogada por otros tres años más y a partir de entonces por cada año.

Meses después la prensa nacional se hacía eco del éxito de la fábrica de lonas, pues la demanda de “patenes, lienzos y lonetas” era mucho mayor de la que podía suministrar la empresa, gracias a su precio y calidad. Cuya especialidad era la tela de rayadillo en crudillo destinada a los uniformes de mecánica del ejército. La producción abarcaba también algodones tintados inalterables para fabricación propia y exportación.

Según la prensa la calidad de los tejidos era tal que en pocos meses de producción las provincias de Granada, Almería, Albacete, Murcia y Alicante entre otras, tenían esta fábrica como único proveedor de los tejidos en los que se especializaba y los viajantes de la casa se veían con frecuencia en apuros para poder servir los pedidos que les hacían.

Los últimos adelantos en telares mecánicos producían tejidos inmejorables que competían favorablemente con los fabricados con antiguos telares de madera en limpieza y perfección. Además, se habían traído dos máquinas automáticas para poner el “hilo en las canillas y cuando está llena y no debe llevar ni una vuelta más, la suelta y echa fuera”.

Esta fábrica de tejidos del Menjú en Cieza o uno de sus talleres, con los últimos avances y telares completamente mecanizados, se puede apreciar en la fotografía de finales del siglo XIX que se adjunta y en la que se ve a Juan Marín junto a otro hombre, que bien podría ser el encargado de producción, Sr. Talón al que la prensa titulaba como persona muy competente y “bajo cuyas órdenes se han producido en aquellos talleres cuantas muestras se le han presentado” y todo ello bajo la atenta supervisión del director de maquinaria, el ingeniero inglés afincado en Cieza Bernardo H. Brunton.

La primera de las exposiciones itinerantes del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” estará abierta al público del 6 al 25 de mayo en la Sala Cultural Dora Catarineu, calle Ronda nº 7 de Cartagena. Con varias conferencias asociadas, la primera sobre la familia Rolandi y su presencia en Cartagena.

Foto 1.- Archivo General de la Región de Murcia. Fotografías de la familia Moxó Ruano de Cieza, FOT_NEG,039/001

Foto 2.- Bernardo H. Brunton. Cortesía de la familia Brunton

Artículo publicado por Pascual Santos en el semanal Crónicas de Siyasa, 6-5-2022, p. 7.

De “menaor” a industrial e inventor: Vicente Martínez Piñera

Pascual Santos López

Con esfuerzo y constancia, Vicente Martínez Piñera mejoró las duras condiciones de trabajo en las fábricas de esparto de Cieza.

Una familia humilde y trabajadora

Según nos cuenta su hijo Pedro Luis, Vicente Martínez nació en 1893 en una familia humilde y comenzó a trabajar muy joven de “menaor”, como era costumbre en la época. Pero también asistió a la escuela nocturna después del trabajo, donde aprendió a leer y a escribir, cultura general y cálculo elemental. La “mena” era una rueda que servía para hilar el esparto y fabricar la cuerda. El “menaor” le daba vueltas a la rueda con una manivela de hierro, mientras el “hilaor” con una “maná” de esparto a la cintura iba añadiendo la materia prima de cara siempre a la “mena” y caminando lentamente hacia atrás formaba el hilo. El oficio de “menaor” era el menos especializado de la industria del esparto, por eso lo realizaban los niños, que obligados por la necesidad debían trabajar para ayudar en casa, con la consiguiente falta de instrucción y el riesgo de analfabetismo.

Sobre los dieciséis años de edad Vicente ascendió a “hilaor” en la fábrica de José García Silvestre, una de las más importantes de Cieza, que llegaría a emplear a 370 trabajadores a finales de los años treinta. Por su buen hacer, Vicente llegaría a ser maestro, ostentando dicho oficio hasta que se estableció por su cuenta. Justo al acabar la guerra, en 1939, instala una industria con cuatro ruedas de hilar esparto en el Ensanche.

Conocía perfectamente las necesidades y los problemas de la industria del esparto. Eso unido a sus conocimientos de mecánica le llevaron a registrar hasta cinco patentes que mejorarían sustancialmente la industria. La primera, registrada el 9 de abril de 1942, fue un freno para parar de forma automática y en marcha los mazos de picar esparto. Este freno daba seguridad a las labores del picado. Trabajo muy peligroso que realizaban las mujeres donde era necesario parar los mazos para el trabajo habitual y para evitar accidentes. No contento con esto, el 7 de diciembre de 1957 patentaría una máquina de rodillos para laminar el esparto y eliminar los mazos.

Rastrillar, un trabajo peligroso e insalubre

La operación de rastrillar se realizaba de forma manual. El operario se situaba de pie frente al rastrillo, que era una mesa inclinada llena de púas de acero de unos 20 cm, y con un manojo de esparto golpeaba desde arriba sobre las púas, dando un fuerte tirón hacia abajo para peinar la fibra. En esta operación de golpear no era difícil que se hirieran las manos. Además, el polvo continuo que se desprendía lo respiraban los trabajadores, siendo la causa de una enfermedad profesional respiratoria conocida como “espartosis”. Para evitar este trabajo tan penoso Vicente inventa una máquina rastrilladora, conocida en Cieza como la “Rastrilladora de Vicente Casallena”. Patentada el 24 de julio de 1952. El operario sólo tenía que poner el manojo en la mordaza y la máquina hacía el resto. En una foto de la época se aprecia al maestro mecánico Jaime Montesinos haciendo trabajar la rastrilladora inventada por Vicente. Este fabricante de maquinaria se especializó en la construcción de esa máquina que se vendía muy bien. Además, en las industrias de hilaturas se aprovechaba el desperdicio del rastrillado para hacer estropajos, por lo que Vicente registra el 12 de febrero de 1946 una marca de estropajos llamada LIMPSOL, que aparecía en los membretes de sus facturas.

Máquinas para mejorar la industria del esparto

En 1944 Vicente traslada su industria a la Cañada de la Horta y seguiría inventando, a pesar de no tener un taller propio, por lo que sus máquinas las construían los mecánicos de Cieza. Vicente las vendía y hacía presentaciones, que en algún caso boicotearon los trabajadores ya que temían que les quitara el trabajo, llegando incluso a estropear las máquinas, según su hijo Pedro Luis. El 2 de noviembre de 1950 patentaba también un disco de púas para destrozar las cabezas de esparto, que era la parte más dura de la planta y la que introducía inconvenientes en el hilado uniforme de la fibra.

El 9 de julio de 1955 registraba un “Dispositivo aplicable a máquinas de hilar” que sustituía la labor del accionamiento de las ruedas verticales, que realizaban los menores de edad. La innovación que supuso este dispositivo era evidente, ya que el propio hilador sin necesidad de auxiliar alguno, podía embragar y desembragar a voluntad la transmisión del movimiento sin más que tensar o destensar el hilo, aunque costó mucho que los menores fueran a la escuela, ya que las familias necesitaban esa ayuda.

Perfeccionando máquinas

Justo en 1956 Vicente pasa el relevo a su hijo Juan Martínez Caballero que se hace cargo de la industria de hilaturas de su padre. Juan Martínez registraría dos patentes: la máquina rastrilladora de su padre, con doble cabezal y chasis metálico. La que podemos ver en el Museo del Esparto y que fue registrada el 27 de agosto de 1963 y el mismo embrague de su padre mejorado para las máquinas de hilar, que registraba el 23 de agosto de 1963, un año antes de la muerte de su padre. Según su hijo Pedro Luis, Vicente Martínez estuvo impedido por enfermedad seis años antes de su muerte, que se produjo en 1964.

Como conclusión, decir que en septiembre de 1965 la Hermandad de San Bartolomé le hizo un homenaje a Vicente Martínez con una misa por el descanso de su alma, en la Ermita del Santo, recientemente restaurada y recordaron que a él se debía “la reconstrucción de la actual imagen utilizando la cabeza de la antigua, que fue destruida en guerra. El señor Martínez Piñera pudo guardarla como una reliquia, sin temor al peligro que corría su persona en caso de ser descubierta”.

Figura 1.- Vicente Martínez Piñera. Cortesía de Pedro Luis Martínez Caballero

Figura 2.- Freno para mazos. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (AHOEPM)

Figura 3.- Membrete de factura y marca de estropajos. Archivo Santos-Caballero

Figura 4.- Diseño de la máquina de rastrillar. AHOEPM

Figura 5.- Cabezal de rastrilladora del Museo del Esparto. Archivo Santos-Caballero

Este artículo fue publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa el día 21-10-2021

De Rutas y Fondeaderos en la Provincia Marítima de Cartagena

Se acaban de publicar las Actas del IX Congreso virtual sobre Historia de las Vías de Comunicación (15 al 30 de septiembre de 2021), organizado por las Asociaciones Orden de la Caminería y Amigos del Archivo Histórico Diocesano de Jaén. En este trabajo, titulado: De Rutas y Fondeaderos en la Provincia Marítima de Cartagena 1883-1915, Manuela y yo analizamos las rutas, puertos, muelles y fondeaderos de la Provincia Marítima de Cartagena a principios del siglo XX, que por aquella época incluía al Distrito Marítimo de Garrucha en las costas murcianas, utilizando como hilo conductor el Anuario Marítimo, Comercial, Industrial y de Navegación publicado en 1915, con noticias de personas, sociedades e industrias que nos acerquen a la historia marítima de nuestras costas en el periodo de la industrialización y el auge de la minería de finales del XIX y principios del XX.

Enlace al artículo De Rutas y Fondeaderos en la Provincia Marítima de Cartagena 1883-1915

Del telégrafo a la industria y la inventiva en Mula: Constantino Herrera del Toro

Pascual Santos López y Manuela Caballero González

De familia bien posicionada en Mula, Constantino Herrera del Toro estudiaba el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza Alfonso X El Sabio de Murcia, al igual que hiciera su padre y su hermano Aquilino. Su promoción sería la del curso 1918-1919, justo en las mismas fechas que su padre, el farmacéutico Julián Herrera Romero, ponía en marcha la fábrica de conservas de La Industrial Muleña, S.A., junto a Francisco López Lamarca. Sociedad que se fundaba el 29 de diciembre de 1918 y comenzaba sus actividades el 1 de enero de 1919, siendo Julián Herrera su primer gerente.

Pronto los dos hermanos se verían atraídos por las nuevas tecnologías del momento y estudiaban las oposiciones al cuerpo de telégrafos en Madrid. Aquilino aprobaba en julio de 1920 y su hermano en años sucesivos, ya que en 1924 encontramos a los dos como oficiales de telégrafos y en 1926 Constantino estaba destinado en Madrid. La carrera de Constantino es fulgurante, pues dos años después es nombrado director de la sucursal del Banco Español de Crédito en Mula, la que se inauguraba el 16 de septiembre de 1928. Por otra parte, entre 1918 y 1920 data Juan González Castaño los inicios de la fábrica de conservas de María Miñano “El Niño Jesús de Belén”, más conocida como “La Ceña”, cuya razón social era Viuda de J. García Zapata. Empresa que presentaba suspensión de pagos el 17 de marzo de 1928 y que al final compraría Constantino Herrera.

La máquina de rastrillar esparto

En 1932 se casaba en Jumilla con Carmen Mora el “laborioso joven”, como lo distingue la prensa del momento. Su instinto emprendedor y el auge de la fibra nacional le llevaría a iniciar negocios en la industria del esparto en la ciudad de su esposa y el 17 de enero de 1952 registraba la marca MARUJA para distinguir capachos y capachetas fabricadas con esparto y justo al mes siguiente, el 9 de febrero de 1952, patentaba siete modelos industriales de agujas diferentes para la fabricación de capachos y capachetas, construidas en alambre de acero o hierro acerado con diferentes diámetros y largos, dependiendo de los tamaños que se le quisieran dar a los capachos.

Sin parar de innovar en su fábrica de capachos de Jumilla, el 26 de febrero de 1953 inventa y patenta por veinte años una máquina rastrilladora de esparto en coautoría con Antonio Murcia Nicolás. Industrial mecánico, director de Talleres Rivera. Empresa situada en la Carretera de Granada, 12 de Murcia. Especialista en construcción de maquinaria para conserva y que probablemente le fabricaría maquinaria para “Conservas La Ceña” y le llevaría el mantenimiento mecánico. Constantino Herrera, hombre hábil sabía con quien se asociaba, pues Antonio Murcia tenía en su haber mucha experiencia y seis patentes de maquinaria. Además, sería el primer director de la Federación Regional de Empresarios del Metal de Murcia (FREMM).

La rastrilladora venía a sustituir uno de los procedimientos más pesados, insalubres y peligrosos del trabajo industrial del esparto. Después de picarlo bajo mazos de madera para abrir la fibra se rastrillaba el esparto clavando los manojos a mano en unos pupitres inclinados llenos de púas y estirando para peinar la fibra, haciéndola más fina para permitir el hilado posterior. La máquina tenía dos peines paralelos de púas que batían los haces de esparto en un movimiento alternativo de subida y bajada evitando el trabajo manual del rastrillado.

Las fábricas de conservas de Mula y Sevilla

En agosto de 1955 existían en Mula dos fábricas de conservas: “La Ceña” de Constantino y “La Industrial Muleña” de su hermano Aquilino. Justo el mismo año que le concedían a Constantino la admisión temporal de hojalata en blanco para transformarla en envases de conservas vegetales con destino a la exportación. Las operaciones de corte, troquelado, estañado, envasado y cerrado de envases debían hacerse en la misma fábrica de conservas de la carretera de Pliego en Mula y se le concedía un plazo de entre dos y tres años para su exportación.

Pero el activo Constantino Herrera ya tenía un socio con el que montaría otra fábrica en Sevilla, José Sandoval Bernal, Importante industrial y alcalde de Molina de Segura en 1950. En 1958 legalizaban su fábrica de conservas vegetales, recientemente montada en la calle General Primo de Rivera, número 46 de Brenes, provincia de Sevilla. El capital social 3.000.000 pesetas y el valor de la maquinaria e instalaciones industriales 500.000 pesetas. Y no paraban de innovar, justo al año siguiente, en 1959 ampliaban su industria con nueva maquinaria por valor de 100.000 pesetas, para producir 100.000 kilogramos de pimiento morrón envasado y otros 200.000 kilogramos de guisantes al natural envasados.

Por otra parte, Juan Gutiérrez García nos dice que en 1965 los hermanos Navarro compraban la fábrica de conservas “La Ceña”, propiedad de Constantino Herrera, para convertirla en Conservas y Frutas S. A. (Cofrusa). Por tanto, los esfuerzos de Constantino se centrarían a partir de entonces en su fábrica de Sevilla y justo al año siguiente registraba la marca MERCURY y el diseño de su etiqueta con destino a la exportación, pues la leyenda decía en inglés: Mercury Brand. Packed by Constantino Herrera del Toro.

Figura 1.- Máquina de rastrillar de 1953. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (AHOEPM)

Figura 2.- Registro de la rastrilladora en 1953. AHOEPM

Figura 3.- Registro de la marca MARUJA en 1952. AHOEPM

Figura 4.- Registro de la marca Mercury y etiqueta para conservas en 1966. AHOEPM

Este artículo fue publicado por Pascual Santos y Manuela Caballero en el periódico El Noroeste, 2-9-2021, p. 32.

El ingeniero Luis Tornero Templado: una vida entre Murcia y Almería

Manuela Caballero González

Luis Constantino Tornero Templado, tal como consta en su inscripción del Registro Civil, nació en Abarán el 1 de septiembre de 1889. En su juventud participó en la incipiente actividad periodística que tuvo lugar en Abarán a principios del siglo XX, encontrándolo en 1908 como director de Gente Alegre, semanario festivo-literario que recogía noticias locales además de temas culturales y donde los jóvenes mostraban sus inquietudes literarias, siendo la publicación abaranera más antigua de estas características que se conserva.

Cursó estudios de Ingeniero Industrial, especialidad Electricidad, y en 1911 ya ejercía como tal. Prueba de ello es que ese año realizó un proyecto para dotar de luz eléctrica a TorrePacheco, el cual fue aprobado, aunque finalmente no lo llevó a cabo. Al año siguiente, junto con Juan Beltrán Aliaga y el presbítero José Sánchez Yúdice, constituye la sociedad mercantil en comandita Tornero Beltrán, empezando su actividad en enero de 1913. Su objetivo era explotar una línea conductora de fluido eléctrico que partiendo de una caseta que “La Eléctrica de Segura” poseía en las cercanías de Espinardo, pasara por los pueblos que estimasen convenientes, tales como Cabezo de Torres, Monteagudo, Esparragal o Alquerías, entre otros. También se proponían vender fluido eléctrico para alumbrado y fuerza motriz, así como la explotación de un alumbramiento de aguas en Tentegorra. La sociedad duró 3 años, disolviéndose en 1915. También realizó trabajos en Abarán, participando en una obra emblemática para la localidad: el proyecto de instalación del motor Resurrección en 1917. Se casó con Carmen Sánchez en 1914.

Actividad inventiva en Murcia

Las inquietudes de este ingeniero abaranero fueron de lo más variado, interés por la prensa, instalaciones eléctricas, industrias, no siendo menos importante su actividad inventiva que empezó a desarrollar desde muy joven, ya que el primer registro en la Oficina de Patentes y Marcas está fechado en 1915.

En diciembre de ese año se le concede patente de invención por un “Porta-lámparas Tornero” destinado al alumbrado público. Al año siguiente obtiene otra por un molino que denominará Rapidus destinado a moler especias y especialmente el pimentón, pudendo ser aplicado a toda clase de cereales, así como a algunos minerales. Y no serían los únicos, aunque los patentaría en su nuevo destino.

Su impronta en la provincia de Almería.

No sabemos exactamente la fecha en que se estableció en esta provincia andaluza, pero hay constancia que en 1924 estaba en negociaciones con el Ayuntamiento de Roquetas de Mar para llevar a cabo una instalación eléctrica que diera servicio de alumbrado a esa localidad y todo parece apuntar que, aunque también viviera en la capital de la provincia, en Roquetas tuvo un gran arraigo, de hecho, una de sus calles lleva su nombre. Según información aportada por Ignacio Jiménez, trabajó la Sociedad Fuerzas Motrices del valle de Lecrín, propietaria de una fábrica de luz en Roquetas y encargada de poner 100 bombillas en la ciudad en 1929. Pero como decimos ya llevaría allí algunos años, ya que lo encontramos establecido como terrateniente y empresario en dos sectores importantes de la zona en 1927: la uva y el corcho, negocios muy relacionados entre sí. Y fue precisamente en Roquetas donde adquirió tierras y se dedicó al comercio e industria, por un cuestionario municipal de 1932 sabemos que está censado allí como cosechero de uvas de embarque y que en 1935 instaló un molino harinero movido por electricidad en su cortijo de Los Parrales, Villa Tornero.

En Almería fundó una industria dedicada a la fabricación de virutas y lanas de madera en 1943. Estuvo muy comprometido con el deporte, la política y tradiciones de Almería ciudad, tal como atestiguan diversas publicaciones, demostrando que Luis Tornero no pasó inadvertido, siendo recordado especialmente como benefactor de la Semana Santa. Y es que en 1930 era tesorero de la Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Amargura, año en que donaría la imagen de la Virgen cuando, según consta en el blog http://fsalaspineda.blogspot.com/2008/09 , los benefactores de la Semana Santa eran escasos. Pero hay más, ya que esta imagen ardió al ser incendiada la Iglesia de Santa Clara de Asís en agosto de 1936. Luis Tornero hizo posible que la hermandad recuperara su Virgen de la Amargura tras donar una nueva imagen en 1943. Dicha cofradía deja constancia de “nuestro homenaje a los Nazarenos de Cola, como Luis Tornero, que fueron, son y serán siempre historia viva de nuestra Semana Santa”.

Actividad inventiva en Almería

En las siguientes patentes que registra ya figura como domiciliado en Almería y su temática está relacionada con sus nuevos negocios. La primera data de 1927 y consiste en “Un procedimiento para el saneamiento y desinfección del serrín de corcho y el molido”. En 1933 obtendría patente de invención para su “Perfeccionamientos en la fabricación de molinos de piedra”. En 1946 solicitaría otras dos más.

La siguiente patente que registra es para su “Refrigerador” con fecha de agosto de 1954, como vemos mantuvo su actividad inventiva a lo largo de toda su vida, siendo la última en su haber la concedida en 1956 para “Una máquina para el tratamiento de plantas textiles para usos industriales”, siendo este invento el que lo traería de vuelta a su localidad natal.

Hemos comprobado que Almería fue sin duda su segunda patria, allí arraigó entre su sociedad y profesionalmente, pero nunca abandonó sus raíces, participando activamente con familiares cercanos. Luis Tornero era primo del empresario José Mª Tornero Escribano. padre de los hermanos Tornero Yelo, quienes han aportado sus recuerdos para completar este escrito. Por ellos sabemos que “el tío Luis” como ellos lo recuerdan, vivió su última etapa activa en Abarán, residiendo con ellos unos años.

Lo encontramos así en 1956 probando la última máquina que hemos reseñado en la fábrica de José Mª Tornero Escribano. De forma significativa, este invento certifica el hombre activo y trabajador que fue hasta el final, ya que la patentó en febrero de 1956 y fue puesta en práctica de forma inmediata, convirtiéndose en su último trabajo ya que su salud fue deteriorándose rápidamente, por lo que su hija Carmen que residía en Madrid se lo llevó allí, muriendo en mayo de 1957. La trayectoria y múltiples facetas que desarrolló durante su periplo vital este ingeniero, empresario e inventor merecería ser tratada con más detenimiento, pero al menos con este escrito, en cierta manera, la figura de Luis Tornero Templado ha vuelto para las fiestas de su pueblo.

Imagen 1.- Portada del semanario. Archivos Región de Murcia.

Imagen 2.- Luis Tornero Templado (primero por la izquierda), en su cortijo de Los Parrales. Colección de Paco Estrella, cortesía de Ignacio Jiménez.

Imagen 3.- Plano del molino inventado por Luis Tornero. Archivo de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Artículo publicado por Manuela Caballero González en la revista Feria y Fiestas de Abarán, 2021, s/p.

Industrias, Marcas y Patentes de la Familia Carrasco Bermejo

Pascual Santos López

El cabeza de familia, José Carrasco Tornero, debía ser hombre emprendedor, pues lo encontramos en 1904 solicitando dieciséis pertenencias para la mina de hierro “San José” dentro del término de Abarán y en 1924 le conceden el aprovechamiento de 20.000 litros de agua por segundo, derivados del río Segura en el paraje de “La Hoya”, situado en los términos de Abarán y Cieza, destinados a la producción de energía eléctrica para alumbrado y usos industriales. Aunque la actividad principal de José Carrasco fue la exportación de frutas y agrios, junto a la manufactura de cáñamos y espartos con la marca W inscrita en un círculo. Ya para 1949 su hijo Melquiades Carrasco Bermejo se encontraba en el Mercado Central de Madrid con puesto propio, según reza el membrete de su factura, llegando a tener asentador en el Covent Garden de Londres, como aseguran fuentes cercanas a la familia.

De José Carrasco Tornero hemos encontrado tres marcas en el Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (AHOEPM), para distinguir todo tipo de frutas frescas: MARICAR y MELQUIADES solicitadas en 1945 y JUVENIL el 2 de julio de 1952 para frutas y especialmente naranjas. José se casó con María Bermejo Sánchez, que registraba el 25 de junio de 1960 el nombre comercial VIUDA DE JOSE CARRASCO TORNERO, para su negocio de exportación de frutas y ácidos de todas clases, fabricación y exportación de conservas vegetales y jugos cítricos. La familia Carrasco Bermejo era conocida en Abarán como “Los Malillos” y su nieta, Cristina Carrasco Segura nos cuenta que eran cinco hermanos y tres hermanas. El mayor José y el menor su padre Alejandro.

El 30 de junio de 1949 Melquiades Carrasco Bermejo patenta en Madrid un modelo de utilidad por 20 años titulado “Cesta ligera para el transporte de frutas y similares”. Diseñada con diferentes formas y fabricada en fibra de castaño que aligeraba su peso a la mitad de los envases del momento. Los hermanos Carrasco no paran de innovar y mejorar su negocio y el 28 de noviembre de 1951 José Carrasco Bermejo registra otro modelo de envase perfeccionado y reforzado, para proteger la fruta en los transportes. Se titularía “Envase perfeccionado” y lo patenta en Abarán, teniendo como domicilio Ruiz de Alda, 30. Además, registra ese mismo año el nombre comercial JOSE CARRASCO para su negocio de exportación de frutas frescas.

Para diversificar sus negocios y aumentar sus producciones los hermanos Carrasco deciden aventurarse en la fabricación de conservas y forman la sociedad JOSÉ CARRASCO HERMANOS, S.L. en 1954, que se dedicaría a las conservas, frutas, hilos y cuerdas de esparto. Para ello registraban también el nombre comercial de su empresa el 24 de mayo de ese mismo año. En 1956 ya cotizaban en Abarán por una fábrica de conservas con azúcar con depósito de 500 litros. Junto a otros conserveros, el 12 de marzo de 1958, el Estado les concede la importación de hojalata en blanco, sin obrar, procedente de Alemania e Inglaterra con el compromiso de la exportación de conservas vegetales a estos países o para abrir nuevos mercados extranjeros. En su fábrica de la calle Federico Servet de Abarán debían someter esa hojalata a un proceso de industrialización: cortado, estañado, fondeado, llenado y cerrado de los botes para su exportación. Por lo que en diciembre de ese mismo año amplían su fábrica con un tren automático de fabricación de envases de hojalata y otra maquinaria, con un coste de 424.000 pesetas y un capital total de 1.724.000 pesetas.

El 15 de mayo de 1959 se inauguraba la nueva fábrica de los hermanos Carrasco. A la una de la tarde en las nuevas instalaciones fray Justo Pérez de Urbel, abad mitrado de la basílica del Valle de los Caídos, bendijo la fábrica y pronunció elogiosas palabras de felicitación para los empresarios y para “todos los que trabajan la huerta murciana”. Al acto asistieron numerosas autoridades y amigos de los hermanos Carrasco. Entre ellos el gobernador civil, el delegado regional de comercio, el presidente de la Cámara de Comercio, Adrián Viudes Guirao, el director general de la Feria de la Conserva, señor López Guzmán y otras autoridades locales, industriales y compañeros de los señores Carrasco. Fray Justo había llegado el jueves por la noche y se alojó en la casa de los hermanos Carrasco, oficiando también una misa en la parroquia de la fábrica.

La nueva fábrica constaba de tres grandes plantas: la primera dedicada a la manipulación de ácidos y elaboración de conservas, según las campañas. Muy bien ventilada y luminosa. La segunda, que se encontraba debajo de la anterior aprovechando el desnivel del terreno, se dedicaba a la manipulación de fruta en fresco para su exportación, sobre todo albaricoque y uva. La última planta se utilizaba como almacén de conserva de pulpa y otras mercancías que requerían cuidados especiales y frescas temperaturas, donde la empresa proyectaba instalar cámaras frigoríficas para la conservación prolongada de fruta en fresco. La superficie total de la fábrica era de diez mil metros cuadrados y donde los hermanos Carrasco esperaban producir al máximo rendimiento la mayoría de las variedades de conservas vegetales, incluyendo jugos y concentrados para el mercado nacional y la exportación. Para terminar, decir que los hermanos Carrasco Bermejo no pararon de innovar en sus industrias y productos. Melquiades registraba más de veinticinco nuevas marcas entre los años 1951 y 1989, algunas de las cuales son: ARABELA para frutas frescas, DISGRA, Distribuciones Gráficas Generales en Bilbao y LA PERLA DEL SEGURA, para frutas y conservas. Alejandro otras cinco entre 1971 y 1975 y a José le dieron la medalla de plata al mérito de la Cámara de Comercio de Murcia en 1980, junto a otros dos empresarios, por donar gratuitamente los terrenos para el Centro de Inspección de Exportaciones de Blanca-Abarán, que él agradeció, resaltando la labor de todos los exportadores de la zona.

Figura 1.- Membrete de factura de José Carrasco, 1949. Archivo Santos-Caballero

Figura 2.- Marca JUVENIL, 1952. AHOEPM

Figura 3.- Diseños de la patente de Melquiades, 1949. AHOEPM

Figura 4.- Diseños de la patente de José, 1951. AHOEPM

Figura 5.- Etiqueta de los Hermanos Carrasco. Fuente: https://lanaranjadepapel.blogspot.com

Publicado por Pascual Santos López en la revista de la Feria y Fiestas de Abarán, 2021.

José Morote Lucas. Manufacturas de esparto marca “El Murciélago”

Pascual Santos López

En 1922 José Morote instalaba su fábrica de jarcias de esparto movida a mano en la calle Libertad, hoy Camino de Murcia. Era una fábrica modesta y no contaba con mazos de picar esparto, por lo que debía comprar el esparto majado o rastrillado a otros fabricantes. En 1938 se trasladaba al Zaraiche y ya contaba con 6 ruedas de hilar esparto y 1 torno de retorcido, que tampoco era mucho comparado con otros industriales ciezanos del momento, como por ejemplo José García Silvestre, que poseía 28 ruedas de hilar. Dos años más tarde se pasaba a la zona del Ensanche y sigue teniendo 6 ruedas de hilar, pero había conseguido otro torno.

Justo un año después de iniciar su andadura empresarial, nuestro industrial se casaba con la señorita María Valchs Gómez. El viernes por la noche del 14 de diciembre de 1923 en la Iglesia Rectoral de San Joaquín, contraían matrimonio. Terminada la ceremonia se sirvió a los invitados un refresco en casa de la novia con dulces, habanos y licores. Esa misma noche la pareja partía de viaje de novios para Madrid en el tren correo. El hijo de la pareja, el abogado José Morote Valchs, es elegido en 1970 concejal de Cieza y llegaría a ser alcalde de nuestra ciudad en 1976.

Desde el comienzo de su negocio José Morote Lucas tendría visión comercial, pues encontramos una factura, fechada el 7 de junio de 1922, donde aparece ya en su membrete el murciélago marca de la casa y debajo de su nombre la leyenda “Grandes Fábricas de Espartería”. Además, podía servir “Cuerdas de Esparto de todas clases, para usos marítimos, agrícolas e industriales. Espartos en Rama y Picados. Serones, Seras, Aguaderas, Espuertas y Pleitas” y fabricaba cañizos para cielos rasos.

Al principio, la marca no estaba todavía registrada en la Oficina Española de Patentes y Marcas. Pensemos que registrar una marca suponía dinero y burocracia que no saldría nada barata para una empresa que estaba empezando. En aquel momento el dibujo de la marca era bastante simple, como el que se muestra en la carta comercial de los años 30, aunque cuando solicitó su marca en diciembre de 1945 ya estaba más perfeccionado. Registro que le concedieron el 14 de noviembre de 1946. Con su marca, José Morote, quería distinguir toda clase de manufacturas de esparto.

En la década de los cuarenta encontramos varios cambios en la situación de la fábrica del industrial ciezano. Probablemente porque mantenía las 6 ruedas de hilar y los 2 tornos de retorcido, con los que era fácil mudarse. Para 1940 estaba en el Ensanche. Entre 1943 y 1946 en la Cañada de la Horta y en 1947 en Calvo Sotelo, que nuestro amigo Antonio Ballesteros sitúa en la actual Gran Vía. En la década de los cincuenta lo encontramos ya en su destino definitivo, calle Víctor Pradera, 1. Lo que hoy es la calle José Planes.

El 18 de marzo 1947 José Morote solicitaba inscribir su fábrica de hilados en el Registro del Censo de Inspección Industrial. Valorando el capital total de la empresa en 35.000 pesetas. Con 6 ruedas de hilar manuales y una bobinadora mecánica con motor de 2 CV. Además de 7 empleados, contando a 1 mecánico, 5 obreros y 1 obrera. En 1951 es elegido vocal en las elecciones sindicales provinciales del Grupo de Industrias del Esparto, Subgrupo Hilado Manual, junto a otros dos empresarios, José María Guirao Ortega y Pedro Castañeda Agúndez.

Seguramente, debido a las diferentes crisis del esparto, José Morote estuviera ya pensando en cambiar de negocio, pues en 1952 lo encontramos como representante exclusivo para Cieza, en Hoyos, 23, del sulfato amónico que comercializaba la empresa AGRISA, Auxiliares de la Agricultura, S.A. En una tierra agrícola como la nuestra era una opción bastante lógica y por escritura pública de 31 de diciembre de 1954 vendía su fábrica de espartería, sita en Víctor Pradera, 1, al empresario Alfredo Aroca Bermejo. El cual a su vez la traspasaba en 1958 a Luis Molina González.

El esfuerzo de Luis Molina no se hizo esperar y en julio de ese mismo año ampliaba su fábrica de hilados y rastrillados de esparto, valorada en 128.500 pesetas, con 8 ruedas de hilar con motor de 1/2 CV, por valor de 64.000 pesetas. 1 bobinadora con motor de 1 CV, 4.500 pesetas y 3 rastrillos electromecánicos de 2 CV cada uno, 25.000 pesetas; sumando el total de la ampliación 93.500 pesetas. Potencia total instalada de 11 CV suministrada por la compañía Eléctrica del Segura, S.A. La duración anual de la campaña era de unos 300 días de enero a diciembre, con un personal que contaba con 1 mecánico, 14 empleados varones, 8 mujeres y 8 menores de edad. La materia prima estimada era de 150.000 kg de esparto anuales, valorados en 936.000 pesetas, que producirían cada año 115.500 kg de cordelería de esparto de distintos números, valorados en 1.800.000 pesetas. Ampliación que solicitaba legalizar ante Industria el 13 de octubre de 1959. La que fue aprobada por contribuir al beneficio de las economías privadas, estimular la colonización de tierras y evitar la erosión del terreno.

La crisis del esparto fue tan grande que Luis Molina solicitaba el 9 de agosto de 1961, ante la Delegación de Industria de Murcia, la suspensión definitiva de su industria de hilados y rastrillados de esparto con despido de 1 obrero único por crisis económica y de trabajo. Nuestro amigo Joaquín Gómez Carrillo nos cuenta que en la calle Víctor Pradera, 1, hoy José Planes, 1, justo donde se encuentra el SuperDumbo, estaba en los años setenta la fábrica de esparto de los Vidales. Seguramente, la familia Vidal compraría la fábrica a Luis Molina para dedicarse a los hilados y al comercio de trapos. Por tanto, sorprende pensar que si éstas fueron las vicisitudes de una sola fábrica de Cieza, cuanta Historia Industrial y Comercial queda por contar en nuestra ciudad.

Publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa el 12 de marzo de 2021, p. 3.

Manuel Gómez Bermúdez y sus negocios a principios del siglo XX. La fábrica “Cerámica del Segura”

Manuela Caballero González

Manuel nació en Cieza el 8 de noviembre de 1886, se casó en primeras nupcias con María Lucas Salmerón, tuvieron un hijo llamado Juan. Al morir su esposa volvió a contraer matrimonio con una hermana de ésta, Carmen, naciendo tres hijos, María, Manuel y Joaquín. La familia vivía en la calle Padre Salmerón. Desempeñó diferentes oficios relacionados con la industria espartera y con el transporte, pero en la primera década del siglo XX decide empezar su andadura como empresario. Tiene 31 años, experiencia y muchas ideas, lo que le llevará a montar negocios de lo más diverso, y no sólo relacionados con la transformación del esparto, fibra vegetal en la que se basaba prácticamente toda la actividad económica de Cieza, sino otras relacionadas con la construcción, adentrándose incluso en el mundo de la inventiva, patentando sus propias máquinas y procedimientos. Su primera iniciativa fue formar una sociedad regular colectiva en 1918 con Alfredo Navarro Martínez y José Mª Herrera Martínez cuyo fin era fabricar hilados de esparto y cáñamo. Las patentes de invención que registró en la segunda mitad del siglo XX estaban relacionadas con la producción y transformación del esparto. Pero en este artículo nos detendremos con más detalle en otro proyecto que puso en marcha y cuyo resultado fue la fabricación de productos de gran calidad, tal como eran reconocidos por los profesionales del sector al que iban destinados.

Fabricante de productos especiales para la construcción

Apenas dos años después de empezar con las hilaturas puso en marcha una fábrica de cal y cemento hidráulico. Para ello registra una sociedad mercantil el 8 de noviembre de 1920 junto con Alonso Ortiz Rojas. Nace así “Bermúdez y Ortiz”. El capital social fue de 3.000 pesetas de las cuales Manuel aportaba en metálico la mitad y Alonso una finca rústica situada en el paraje de la huerta de Cieza en el partido de “La Cardona” además de 750 pesetas.

La idea era comercializar productos muy demandados en la construcción, sector que estaba despuntando y en el cual irrumpían con fuerza nuevos materiales, como era el caso de los cementos. Su uso y combinación con otros como el hierro daría lugar al hormigón armado y supuso una verdadera revolución en las técnicas constructivas. A finales del siglo XIX ya empezaba a utilizarse en el extranjero en obras de gran envergadura y en nuestro país su aplicación empezó a despegar gracias a profesionales convencidos de sus posibilidades, entre ellos destacó el conocido como “apóstol del cemento”, José Ribera. Fue un importante ingeniero que llevó a cabo experiencias pioneras en la construcción de infraestructuras donde el cemento tenía especial protagonismo, una de ellas tuvo lugar precisamente en Cieza, no podía ser menos, y gracias a su propuesta conservamos en Los Prados el primer puente de hormigón armado sobre ferrocarril construido en España. Si tenéis curiosidad en la revista Andelma Nº26 del Centro de Estudios Fray Pasqual Salmerón, recogí su historia y podéis incluso ver cómo está en la actualidad. Por tanto, en los primeros años del siglo XX sus usos se revelaban como innumerables en arquitectura e ingeniería y sus ventajas eran ampliamente publicitadas, demandándose tanto en viviendas como en infraestructuras. Estas expectativas de negocio serían las que decidirían a estos emprendedores a montar su fábrica cuyo nombre era “San Ildefonso”. Según el periódico local La Verdad de Cieza de octubre de 1921, “estaba situada en el Camino de la Fuente, junto al Teatro Galindo” y su marca era “La Cencerra”, siendo dada de alta como fábrica de cal y un horno en la contribución industrial del municipio en marzo de 1921.

Empezaron su actividad, Manuel como gerente y Alonso como director técnico de fabricación, que además era el encargado de suministrar una materia prima necesaria para elaborar los productos, la carbonilla o escoria de carbón, para lo que tenía un contrato con la Compañía de Ferrocarriles. La elaboración de estos materiales no era fácil, ni siquiera el que se podría considerar como más tradicional: la cal. Dada su gran demanda, en Cieza existían varias fábricas que vendían su producción en otras localidades. Prueba de ello es que en 1924 Manuel Bermúdez y Pedro Piñera deciden hacer las ventas de cal de forma mancomunada en la sociedad que denominan “El Trust Calero” dirigiendo los pedidos al despacho central que habían establecido en Buen Suceso nº 2. Se envasaba en sacos de 40 kilos y costaban 1,50 pesetas puestos en obra dentro de la localidad si se pedían más de 10. Si los sacos iban destinados a otras plazas se llevaban a los vagones en la Estación “Corredera” y su coste sería de 1,25 más 20 pesetas por los portes.

A la vista de los testimonios, conocía bien el oficio, ya que en muy poco tiempo la prensa se hizo eco de estudios y pruebas que muestran la gran calidad de todo lo que llevaba su marca. Sus instalaciones contaban, además del horno, con dos motores eléctricos y sus 40 obreros eran capaces de elaborar diariamente 20 toneladas de producto acabado. En 1922 fue reseñada en el periódico madrileño La Acción como “Gran fábrica de cemento natural hidráulico en las afueras de Cieza digna de ser visitada y de la que es digno propietario el inteligente y culto industrial don Manuel Gómez Bermúdez”. De ella saldrían parte del que se utilizó en la construcción del pantano Alfonso XIII y que el ingeniero encargado de las obras hizo un exhaustivo análisis y pruebas de resistencia. También se emplearía en los saltos de agua “Hijos de Legorburo” de Albacete. Puede que desde 1920 también fabricaran ladrillos y tejas, aunque sería en junio de 1922 cuando se registra la sociedad “Bermúdez, Ferreres y Compañía”. Las instalaciones necesarias para todo ello estaban en el mismo lugar que la anterior, en el Camino de la Fuente, compartiendo así espacio y recursos.

Los elementos que salían de su fábrica, “Cerámica del Segura”, pronto fueron reconocidos en el sector por su calidad y eficacia, en especial el que desde hacía ya tiempo se destinaba a las cubiertas, la teja plana, conocida como alicantina, ya que Alicante fue el lugar donde la industria cerámica alcanzó una gran importancia a finales del XIX, sus productos pronto estarían en medio mundo y también llegaron a nuestra localidad, ya que en 1896 el periódico local El Combate recoge que Manuel Rojas Vázquez era el distribuidor exclusivo de “La Cerámica Alicantina” para Cieza, vendiéndola en su depósito del Paseo Marín Barnuevo.

El desarrollo y mecanización en Alicante propició la fabricación de productos desconocidos hasta entonces, como la reseñada teja plana o el ladrillo hueco, pero de la factoría ciezana también saldrían innovaciones para este elemento constructivo, incluso según noticias familiares, Manuel llegó a inventar un modelo de teja, aunque no hemos podido acreditar hasta el momento que lo patentara. Lo que sí está comprobado es que introdujo variaciones a la típica alicantina. La fabricada por “Cerámica del Segura” pesaba 2,250 Kg y el precio de las mil piezas era de 200 pesetas, siendo necesarias para cubrir un metro cuadrado 15 unidades.

También hacían bovedillas, bloques y ladrillos huecos. Los materiales eran embalados cuidadosamente en cajas o jaulas atadas con alambres o cuerdas listos para ser enviados unas veces en wagonCieza desde la estación de ferrocarril de la ciudad y otras al muelle del puerto de Cartagena donde emprendían su viaje por cuenta y riesgo del comprador.

Como hemos dicho, los productos de la fábrica ciezana eran reconocidos como de “fabricación especial” y así se publicitaban también en la prensa nacional, tal como recoge el anuncio de 1924 del Imparcial de Madrid. Sabemos que se vendían en almacenes de materiales de construcción en la capital murciana, como el que regentaba Arturo Torrecillas en la calle de los Apóstoles, como depósito exclusivo de la Cerámica del Segura de Cieza, como consta en su publicidad.

Pero no fueron tiempos fáciles y los negocios de nuestros empresarios tuvieron que afrontar diversas situaciones de conflictividad social y laboral que llevó a la crisis a varios sectores. Prueba de ello es que, en 1926 José Herrera como apoderado de la Compañía ciezana, se desplazó a Madrid “para dar solución a las dificultades que los industriales de Cerámica del Segura encuentran en los Ayuntamientos y Jefatura de Montes de Murcia”. Estas dificultades, según dicen, pueden ser el origen del paro forzoso de gran número de obreros de las riberas del Segura, apelando a que sea el Gobierno quien resuelva la cuestión.

Nos hemos detenido con más detalle en sus negocios relacionados con los materiales de construcción, pero sus iniciativas relacionadas con las hilaturas fueron muy importantes, simultaneando todos los negocios, a los que irían incorporándose sus hijos y su yerno, que también fueron autores de varios inventos. Manuel falleció en abril de 1956 y diez años después la actividad de la empresa de su hijo Manuel Gómez Lucas cesó, pero todos ellos contribuyeron a que Cieza fuese una referencia en el desarrollo de la industria espartera con sus procesos y patentes de invención y como hemos comprobado, en la elaboración de productos especiales para la construcción.

Publicado en Crónicas de Siyasa, 17-2-2021

Las fábricas de Joaquín Gómez, el Gallego

Pascual Santos López

Joaquín Gómez Martínez, conocido en Cieza como el Gallego, era hijo del banquero e industrial del esparto Joaquín Gómez Gómez, nacido en Abarán y afincado en Cieza, que allá por el año de 1885 era dueño de una fábrica de picar esparto en el Camino del Molino, con un batán de 16 mazos movidos por fuerza hidráulica y una máquina de fabricar borras. En febrero de 1895 se casaba con Purificación, hermana de Diego Martínez Pareja, jefe del partido conservador y abogado, que llegaría a ser diputado provincial, juez municipal y alcalde de Cieza. Purificación muere joven el 17 de septiembre de 1911, a los 42 años, dejando atrás seis hijos: Pilar, José, María, Carmela, Joaquín y Purificación Gómez Martínez. El niño Joaquín Gómez partiría para Orihuela el 30 de noviembre de ese mismo año a continuar sus estudios en el Colegio de Jesús y María. Su tío, Diego Martínez Pareja, fallecía el 13 de febrero de 1923 a los 51 años.

El 20 de septiembre de 1925 también perdía a su padre con 80 años de edad y en 1934 encontramos a Joaquín Gómez contribuyendo ya con su nombre por 30 pares de mazos de picar esparto y 4 ruedas de hilar en el Camino del Molino. En los nueve años anteriores la empresa contribuiría con el nombre del padre. Al año siguiente, el industrial ya es alcalde de Cieza por el partido radical de Lerroux y mantiene un periódico en Cieza “El Radical”, que genera feroces disputas políticas con “El Luchador”. Corrían tiempos muy difíciles a punto de estallar la guerra civil. En la madrugada del 15 de junio de 1936 se declara un incendio en su fábrica y muchos vecinos ayudan a sofocar el fuego. Las causas del siniestro no se llegaron a conocer y las pérdidas fueron de unas 75.000 pesetas. Justo entonces es condenado a 20 años por conspiración para la rebelión, pero al acabar la guerra él se encontraba en el bando vencedor.

Desde 1940 la política autárquica franquista favoreció el aprovechamiento y transformación industrial de las fibras textiles naturales producidas en territorio nacional, sustituyendo a otras importadas. Lo que produjo la instalación y desarrollo de muchas industrias del esparto en las dos décadas siguientes. Joaquín Gómez no se quedaría atrás. En 1943 instalaba en Albacete una fábrica de picar esparto de 10 bandas de cuatro mazos cada una, con una producción de 1.500 kilogramos en jornada de ocho horas. Esta industria emplearía maquinaria y materias primas nacionales. Fábrica que volvería a reabrir en 1952 con una producción de 450.000 kilogramos al año, seguramente condicionada por la demanda y las sucesivas crisis de esta fibra. El picado del esparto y otras labores manuales, como el rastrillado, eran peligrosas e insalubres y se imponía la mecanización, por lo que Joaquín Gómez patenta una laminadora de rodillos en mayo de 1951 que sustituía a los mazos de picar y mejoraba la producción y el trabajo de las picaoras. Además, en 1955 ampliaba la industria de Cieza invirtiendo un millón de pesetas para comprar una rastrilladora mecánica y siete ruedas de hilar, estimando una producción de 750 kilogramos diarios. Al año siguiente sustituye otros cuatro rastrillos manuales por dos accionados por motor, con un costo de millón y medio. Ese mismo año de 1956 la empresa es ya sociedad anónima, Joaquín Gómez Martínez, S.A., y registra la marca “La Sirena” para distinguir toda clase de conservas vegetales que producía en su fábrica del Camino de la Estación, justo donde en la actualidad se encuentra el Mercadona y donde todavía se mantiene su chimenea, que está declarada por el Ayuntamiento de Cieza como Bien de Interés Cultural. La misma marca también la registraba para espartería en general. La crisis del esparto de finales de los cincuenta le pasaría factura, disolviéndose la sociedad en Madrid por Junta General Extraordinaria del 1 de diciembre de 1959.

Artículo publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa el 29 de enero de 2021, p. 17.